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Recuperar misionalidad de la Policía

El texto plantea que la Policía Nacional debe recuperar su misionalidad civil, centrada en la prevención del delito, la convivencia y el respeto por los derechos humanos.

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El texto plantea que la Policía Nacional debe recuperar su misionalidad civil, centrada en la prevención del delito, la convivencia y el respeto por los derechos humanos.

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El debate sobre la seguridad urbana en Colombia suele encallarse en discusiones administrativas sobre presupuesto o adscripciones ministeriales. Sin embargo, en la coyuntura actual, el verdadero reto político e institucional es más profundo: reconectar la Policía Nacional con su misionalidad constitucional originaria, mandato de naturaleza estrictamente civil que el conflicto armado prolongado termino por distorsionar.

El artículo 218 de la Constitución Política establece que el fin primordial de la Policía es el mantenimiento de las condiciones necesarias para el ejercicio de los derechos y libertades públicas, asegurando que los habitantes de Colombia convivan en paz. No obstante, al asumir durante décadas los roles contrainsurgentes en zonas de alteración del orden público, la institución adoptó tácticas y doctrinas operativas propias del ámbito militar. Esta dinámica alteró la respuesta policial ante el delito común y debilitó la mediación comunitaria en las ciudades.

Independientemente de la estructura burocrática o el manejo político de una institución tan importante para el país, la prioridad inmediata del Estado debe ser la recuperación de la doctrina, filosofía, líneas de mando y la sucesión de éste al interior de la Policía Nacional de los colombianos. En una institución de perfil militar se percibe al ciudadano con un enfoque distante y preventivo, en cambio para el servicio policivo esta percepción se direcciona a la confianza y proximidad ciudadana, por ser sus principales herramientas de inteligencia y prevención.

Por lo tanto, es de suma urgencia reorientar la operación policial hacia la resolución pacífica de los conflictos, con una sólida observancia de los Derechos Humanos, reforzada por la necesaria prevención del delito urbano, lo que se logrará fortaleciendo la presencia Institucional -con planes ya conocidos y perfeccionados- donde la participación ciudadana es vital.

Es de público conocimiento que, ante los ataques de grupos subversivos a nuestra Policía, se obligó a mutar hacia la defensa armada de sus hombres y poblaciones en zonas de orden público, sin olvidar la filosofía primaria como es la defensa de la vida, honra y bienes del ciudadano. La cuota de sangre y vidas fue muy alta, pero la institución ha sabido responder y salir airosa de estas tristes experiencias, esperando hoy un amable amanecer con la retoma de sus principios como lo venimos sosteniendo en esta y las anteriores columnas.

Es saludable y esperanzador escuchar al Señor presidente afirmar que la lucha contra la delincuencia, portar como principio el respeto por los miembros de la fuerza pública, la observancia y aplicación de la ley en su máxima rigurosidad, retomando por ello el respaldo a los hombres y mujeres que hacen parte de nuestra Institución.

En cuanto a los mandos, sabemos la rigurosidad para su escogencia, por lo que confiamos y no dudamos del compromiso para recuperar la legitimidad del escalafón y la sucesión del mando.