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Saludable definir prelaciones

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Por: Luis E. Gilibert
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Resumen

La delincuencia en Colombia está sobre-diagnosticada pero la falta de continuidad en los programas y estrategias dificulta su tratamiento. Se debería evaluar y continuar con los éxitos de las administraciones anteriores para mantener la tranquilidad ciudadana.

Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)
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Frente a esta andanada de conceptos y puntos de vista para enfrentar la delincuencia en el país, observando los diferentes conversatorios y percepciones sobre el tema, consultados expertos y conocedores de la criminología colombiana, podemos llegar a la conclusión que el problema está sobre diagnosticado y no cabe duda alguna que se trata de una endemia social y que data de tiempo atrás.

Se ha enfrentado en diferentes etapas por las autoridades del momento, que dieron enfoques diferentes buscando soluciones al tema, claro está, todos bien intencionadas y conocedoras de la amenaza que a largo plazo crecería para la sociedad y gentes de bien, pero desafortunadamente tenemos un problema permanente en nuestro medio y es la falta de continuidad en los programas y estrategias, generada por una sucesión de administraciones con orientaciones diferentes y conceptos disímiles que dan al traste con cuanto proyecto venga de gobiernos anteriores.

Esta rivalidad gerencial no permite a los funcionarios observar sin prevención los logros y aciertos de sus antecesores, por lo que se dilapidan y pierden esfuerzos con conceptos bien concebidos y acertadamente orientados. Por lo tanto, asumimos que llego el momento de pensar con cabeza fría y evaluar los éxitos heredados de gobiernos anteriores, en frentes puntuales para continuar una tarea conducente a la tranquilidad ciudadana.

Saludable seria realizar un inventario de actividades preliminares con resultados plausibles, dirigidas a la seguridad tanto ciudadana como nacional y retomar los derroteros que nos conduzcan a un efecto benéfico.

Son disímiles y variadas las alternativas que giran en múltiples sentidos. Hablemos de unas pocos, revisemos qué acertado podría ser brindar seguridad jurídica a los miembros de la fuerza pública ante sus actuaciones en servicio. Se trata de un frente debatido en diferentes estadios y portador de infinidad de conceptos jurídicamente bien sustentados, pero no podemos seguir en un limbo poco claro y muy riesgoso.

¿Qué pasó con la fumigación aérea que tan buenos resultados dio en su momento? No dejemos en el olvido este programa, generador de seguridad para los hombres en tierra, protegiéndolos de minas antipersonales, que todavía explotan en nuestros campos.

El fortalecimiento de la fuerza pública en tecnología y medios, imposible e indolente seguirlo debatiendo. La denuncia es inevitable y necesaria para el buen fin de las investigaciones, hay que facilitarla y hacer expedito su diligenciamiento. La receptación perseguida anteriormente con rigor, por ser el motor de atracos, reponeos y hurtos, merece atención, la cadena de custodia es importante.

También el microtráfico. Hay que volver a sancionarlo drásticamente. En el pasado su control dio buenos resultados y permitió conocer organizaciones dedicadas a esta actividad. La persecución y control de los grupos delincuenciales debe ser permanente, como en tiempos anteriores lo hicieron las organizaciones de inteligencia. Estos pocos ejemplos muestran el variopinto panorama para perfilar prioridades operativas.

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