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Señor Empresario

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Resumen

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Por: José Caicedo Solano

Por los años de 1916, en Europa, en medio, o a un lado, muy cerquita de la primera guerra mundial, (Encerraditos en Suiza), aparece un movimiento que rompe esquemas de la normatividad tradicional conservadora de un estacionamiento del comportamiento, en donde los siglos son un solo segundo duradero y eterno. La guerra, siempre definida como la ambición de unos pocos burgueses, es llevada a un pueblo que no tiene sentimiento de lo bélico, pero que debe afrontarla y participar en ella como deber de patria, con ese eufemismo entregado, para tener soldados que sostengan el poder.

Dicho movimiento llamado dada o dadaísmo, es posible que nazca de la locura de una confrontación de los “nobles”, y ponen y sacan al y del cauce normal de los ríos, unas crecientes que mortifican lo establecido en el camino de lo socialmente virtuoso. Esta locura llega al arte, a la literatura, a la poesía, al vestido, rompiendo esas “verdades “que deben tener una contradicción. Se llega, en este sentir, a una anarquía de lo tradicional, pérdida del equilibrio de lo llamado racional. Adiós a la pureza y a la perfección. Es un parnaso de seres con otra visión, que recorren avenidas, en las noches, iluminadas con la oscuridad.

El dadaísmo, puede significar, lo que importa poco de la parte trasera de un animal o simplemente nada. Es, una actitud de burla contra la sociedad burguesa; es un antiarte; es decir no a un si o un si a hacer aquello que signifique pecado. Empieza a hablarse y a ejecutarse un cubismo, un surrealismo, cual según los tradicionalistas eran “mamarrachos,” aquellas obras, inmortales de ahora, pintadas por Pablo Picasso.

Salvador Dalí, tampoco se puede quedar atrás, con su bigote en forma de ocho, o seda para los dientes, además de sus obras de arte emanadas de todos los dioses, aquellos que aun no se conocen en este mundo.

Creo, que, de esa escuela, consiente o no, nace tiempo después, Fernando Botero, con su mundo obeso en todas sus caracterizaciones; la memoria trae al presente, que las primeras ciudades eran redondas y no rectangulares como se conoce ahora, al igual que las duchas brotaban el agua del piso y no del cielo. La irreverencia llega, con música negra, hombres de pelo largo, vicio de cigarrillo y otros humos o sabores con una música que no inspira un recogimiento gregoriano, sino un sacudón de testa y cuerpo como lo mandaron los Beatles y demás colegas de una nueva ola. Quien dice ahora, que un mariachi no pueda tener una guacharaca…

Señor empresario, la tradición es un momento romántico, que como tal, es divino, se debe gozar, disfrutar, pero no permanecer en la coyuntura pretérita, porque las visiones presentes traen nuevas alegrías y el espíritu al igual que el cuerpo, también se renueva. Llevemos el mejor acercamiento a ir en este siglo, de luna de matrimonio, de verdad a la luna de miel, en el   satélite de nuestro hermoso planeta, que ni es plano, ni redondo, sino que tiene la forma elíptica que nace de su corazón, razón y conocimiento. Como quiera verlo.

*Contador Público. Asesor Empresarial. jcaicedosolano@gmail.com

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