Un café a cambio de unos cuantos miles de votos. La invitación de Paloma Valencia a Sergio Fajardo ¿Estará desesperada?

Resumen

Paloma Valencia invitó públicamente a Sergio Fajardo a un café para hablar de unidad, en medio de la presión por las encuestas y la disputa por votos del centro.

Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)
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by Camilo Silvera
Un café a cambio de unos cuantos miles de votos. La invitación de Paloma Valencia a Sergio Fajardo ¿Estará desesperada?

 

 

A solo nueve días de la primera vuelta presidencial, la candidata del Centro Democrático, Paloma Valencia, decidió cambiar momentáneamente el discurso de confrontación por uno mucho más conciliador, casi suplicante, al extenderle una invitación pública a Sergio Fajardo para “tomarse un café” y hablar de unidad nacional.

Una escena política que, más que espontánea, dejó la sensación de una campaña que comenzó a sentir el vértigo de las encuestas y la presión de quedarse atrapada en la estación de la primera vuelta.

“Con tanto problema que tiene este país, y hay gente que vale tanto, que le ha aportado tanto a este país como Sergio Fajardo, que inmediatamente pienso, doctor Sergio, que necesito tomarme un café con usted”, dijo Valencia en un video difundido públicamente.

La candidata incluso elogió la “capacidad de construir futuro” del exgobernador antioqueño, un tono cordial que contrasta bastante con el ADN tradicional del uribismo frente al llamado centro político, al que durante años trató más como sospechoso ideológico que como posible aliado electoral.

La imagen de una Paloma Valencia ofreciendo tintos políticos a última hora aparece justo después del golpe que representaron las más recientes encuestas, particularmente la de Invamer, donde la candidata figura con apenas un 14% de intención de voto, lejos de Iván Cepeda Castro y también detrás de Abelardo de la Espriella, quien se ha convertido en el nuevo dolor de cabeza de la derecha tradicional.

La situación parece haber llevado a la campaña uribista a una especie de operación de rescate electoral improvisada: buscar votos donde todavía quede algo disponible, aunque implique abrazar sectores que hace pocos años eran vistos con distancia o abierta desconfianza.

El problema es que Fajardo tampoco llega precisamente rebosante de capital político. Las encuestas lo ubican rondando el 3%, pero incluso ese pequeño porcentaje parece hoy un tesoro codiciado en una campaña donde cada voto se cuenta con la ansiedad de quien revisa el saldo de una tarjeta a final de mes.

La desesperación no solo se percibe en la invitación al café. Desde distintos sectores cercanos a Valencia han comenzado a enviar mensajes insistiendo en la necesidad de una “unidad” para enfrentar el crecimiento de De la Espriella.

La fórmula vicepresidencial de la candidata, Juan Daniel Oviedo, se sumó rápidamente al libreto con un “un café por Colombia”, intentando vestir de épica patriótica una negociación política que tiene mucho más aroma a cálculo electoral que a tertulia académica.

Mientras tanto, el director del partido, Gabriel Vallejo, pidió a los militantes “cerrar filas” alrededor de Valencia y mantener el optimismo hasta el último minuto. El llamado no parece casual. Dentro del uribismo las fracturas son cada vez más visibles y algunos sectores históricos ya comenzaron a mirar hacia otras campañas. Uno de los casos más simbólicos fue el del exministro Fernando Londoño Hoyos, quien anunció públicamente su respaldo a De la Espriella, una señal que en la política de derecha pesa más que varios discursos de plaza pública.

Sin embargo, desde la campaña de Fajardo la respuesta ha sido fría. Fuentes cercanas al candidato aseguraron que no existe intención alguna de adherirse a Valencia y que continuarán hasta el 31 de mayo. En otras palabras, el café todavía no tiene fecha, mesa ni mesero. Y quizás tampoco ganas.

La escena deja una fotografía bastante diciente del momento político de Paloma Valencia: una candidata que hace apenas unos meses hablaba como heredera natural del uribismo duro y que ahora busca tender puentes aceleradamente hacia el centro político, intentando sumar apoyos antes de que el reloj electoral termine de vaciarle el tanque.

Porque en campaña, como en las cafeterías de carretera, cuando el panorama se pone oscuro, siempre aparece alguien ofreciendo un tinto salvador. El problema es cuando nadie quiere sentarse a la mesa.

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por Camilo Silvera
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