Una vocación que va mucho más allá de curar las heridas
Resumen
La enfermería es una vocación de cuidado, empatía y fortaleza que acompaña al paciente más allá del tratamiento y merece gratitud por su labor humana en la salud.
Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)
Día Internacional de la Enfermería. Tras una ligera conversación con mi doctora de cabecera, en plena cita, abordamos el tema del importantísimo rol que juega la enfermería. De pronto, la doctora sonrió e inmediatamente recibí de sus manos el portafolio de mis achaques: un arrumé de órdenes, medicamentos y exámenes, además de las instrucciones de los tratamientos a seguir. La doctora volvió a sonreír y se dirigió a la puerta del cubículo indicándome la ruta de salida y la hora. El reloj marcaba las doce y treinta y, en voz baja, me dijo: «Dame cinco minutos, he terminado mi jornada».
Esperando a la doctora en el pasillo, tropecé la mirada con la del doctor Roberto, mi amigo poeta, compositor y escritor, quien justo venía acompañado de su auxiliar, una enfermera joven, bonita y amable. Inquieto por el tema de la enfermería, encontré la oportunidad para tomar nota, ya que se aproximaba el 12 de mayo, día en el que se conmemora el Día Internacional de la Enfermería. La verdad, considero que de estos personajes hay mucho por hablar gracias a Florence Nightingale (1820-1910), pionera de la enfermería.
La doctora salió, por supuesto, cuarenta y cinco minutos después de los cinco que me había prometido; se unió al grupo y todos aceptaron una tacita de café para cerrar la jornada de la mañana. Pusimos el tema del Día Internacional de la Enfermería sobre la mesa. ¡Fue increíble! Escuchar mil versiones y anécdotas que suceden bajo el traje de mayo o prendas de blanco en los pasillos de las clínicas, en las estaciones de enfermería, en quirófanos, en salas de urgencias, en fin… en todas partes donde hay dolor, recuperación, vida, sanación, esperanza y desesperanza; incluso cuando se les escapa de la vida un paciente por decreto celestial, ahí están.

Insuperables seres humanos
El doctor Reyes poéticamente expresó la actitud de las enfermeras ante los pacientes o, como acostumbro a decir, los «impacientes», porque realmente la paciencia de los enfermeros es tan suficiente como para atender mil cosas a la vez y reaccionar de la mano de los médicos frente a imprevistos. Aun así, bajo presión, los enfermeros, además de inyectar, canalizar, limpiar heridas y atender los tratamientos sugeridos por los médicos, en determinado momento se convierten en ángeles porque reciben con atención los dolores del alma y de la impotencia de sus pacientes. Duele decirlo, pero ¿cuántas personas que aceptan su derecho al «buen retiro del alma» reciben de los enfermeros el último contacto cálido de sus manos antes de retirarse?
La doctora recordó a mi enfermera y jefe del alma después de un prudente silencio. Terminó su café y sostuvo con voz determinante, sólida, que la vocación del enfermero los hace insuperables seres humanos, que igualmente enfrentan dificultades y a veces, con frecuencia, son maltratados por inhumanos impacientes, ajenos absolutos a la empatía, que ignoran que a los enfermeros les duele también —y perdonen la redundancia— el dolor ajeno; más aún cuando son portadores de lamentables noticias.
En este «improvisado» plan de tinto con los doctores y la enfermera, fuimos un tantico más allá de su traje de enfermería y, como dicen por ahí, nos «metimos en el rancho» a explorar su vida y las recompensas que les produce la satisfacción del servicio. Para rematar este coloquio, inesperadamente, apareció Lácides, un poeta frustrado, irreverente, sarcástico, elocuente y querido por unos alucinantes personajes, quien aprovechó el momento para unirse a este pequeño reconocimiento con un brindis de café y así celebrar el Día Internacional de la Enfermería.

Invaluable labor en la salud
—¡Por Dios! —exclamó Lácides—. Los enfermeros asumen una importante misión en su vida, así como los médicos, los banqueros, los gerentes, los economistas, las amas de casa, el portero, en fin; son seres humanos que actúan y viven como todos nosotros. Los enfermeros también enfrentan dificultades, situaciones complejas en casa; a veces, la economía del sistema les juega una mala pasada. Además de llegar a casa literalmente agotados de una escenografía de frustraciones y victorias, vienen a continuar con sus oficios domésticos, a recuperar el orden del día, tomar un baño sin olvidar… ¿qué pasará mañana?
Además de romantizar la enfermería por su invaluable labor en la salud, deberíamos emprender una mejor actitud ante ellos. Lamentablemente, hoy en día, la decadente empatía de mucha gente (no todos) está pasando a ocupar una posición menos importante, pero más frecuente, frente a estas personitas que parecen ángeles, aunque la verdad, sí… ¡lo son!
A ellos les duele pensar en su paciente consentido de turno y al otro día encontrar su cama vacía, sin dolientes: la paciente salió por la puerta de atrás… la misma de la ausencia eterna. Eso les duele; cada paciente es más que un registro alfanumérico. A ellos, los enfermeros, les lastiman muchas circunstancias increíbles y realmente entristecedoras cuando descubren que sus pacientes necesitan de un apretón de manos o un abracito terapéutico, ya que este también es un recetario para sanar el alma. «El amor también es un medicamento», sostuvo Lácides, mientras constataba con la mirada de los galenos.
Los pacientes que prefieren salir por la puerta del dolor para no regresar al infierno del maltrato, del abandono, del descuido y la desidia de su familia —simplemente porque son ancianos que dieron todo sin esperar nada a cambio— finalmente viven con la ilusión de morir, ojalá esa misma noche, sin esperar más, porque para ellos las buenas noticias ya no existen.
Lácides interrumpió el romanticismo que merece la enfermería para mostrar la vida de ellos en un estilo crudo pero cierto. Él reconoce la valentía de estas personas movidas por el motor de la vocación y la satisfacción de servir al convaleciente y, aunque parece extraño, a veces son señalados por no ser los héroes que supuestamente deberían ser.
Con frecuencia aparecen personas ingratas e inconformes a señalarlos, porque supuestamente la enfermería les exige risitas para generar satisfacción en los usuarios, simplemente porque confunden el respeto ante el paciente con la intolerancia. Sostiene Lácides que el control de las emociones de parte y parte debe ser cauto y no por ser enfermeros se pueden tratar como a la gente se le antoje. Lamentablemente, esto sucede porque el territorio hospitalario y el sistema de salud generan tensión, inconformidades y malestar; es una carga emocional, y los enfermeros están preparados para actuar bajo presión, pero nosotros, los «impacientes», dejamos la empatía y la gratitud en la entrada.
Lácides miró a la bonita enfermera, a la bonita doctora y, por último, al doctor… ¡me ignoró! —Doctores: ustedes me perdonarán y, si he sido brusco por exponerles una realidad, déjenme decirles otra. Ustedes, ¿han pensado de casualidad cuántos secretos dejan los pacientes en los oídos de los enfermeros que los asisten en su final? Pues bien. ¿Cuántos pacientes han necesitado escuchar palabras agradables, bonitas, antes de morir, y que su familia no tuvo esa oportunidad? ¿Cuántos enfermeros han tenido la oportunidad de expresar las palabras que no dijimos cuando podíamos hacerlo?
La enfermería es una decisión, es una vocación que va mucho más allá de curar las heridas, puyar la piel, consentir el alma de los enfermos y apoyar al médico. En la conmemoración del Día Internacional de la Enfermería, además de rendirles un homenaje, podríamos ofrecerles una dosis alta de gratitud, reflexión y felicidad.
*Por: Claudio Valdivieso