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Resumen

Esta es una estrategia difamadora potencialmente peligrosa y hasta efectiva para destruir los valores y la dignidad de la víctima del chisme.

Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)
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Por: Claudio Valdivieso.  Es realmente increíble como la dignidad, los valores morales, principios y la ética de la gente se oferten como una bolsa de valores al mejor o al peor postor.  La lengua atrevida de la envidia y del egoísmo aumenta destructivamente cada vez más, bajo la garante frase “pero no se lo cuente a nadie”. Por supuesto que esto sucede a espaldas de la víctima, mientras la miserable propaganda de voz a voz, poco a poco, acaba por tirar al piso el prestigio de una persona sin concederle a la víctima ni si quiera un mínimo espacio de derecho para defenderse.

Es muy común escuchar tan solo una versión filtrada de las demás versiones en el proceso de desprestigiar a una persona, y suele suceder después del rompimiento de una relación amorosa, de amistad, laboral o familiar. Esta es una estrategia difamadora potencialmente peligrosa y hasta efectiva para destruir los valores y la dignidad de la víctima del chisme.

Es bastante complicado abordar estos temas de las lenguas peligrosas, sobre todo, cuando el envidioso victimario vive y muere convencido de que su estrategia disociadora se queda bajo la sombra. Dicen por ahí: qué le digan a uno pendejo no duele, pero, ¿Qué lo crean?

A veces la envidia llega tan lejos y tan cerca que se demuestra sin descaro; sobre todo, cuando los victimarios pretenden convertirse en víctimas a través de la difamación. La envidia dibuja y desdibuja la imagen de su víctima para ostentar el control de su “inocencia” ante los demás. Estas acciones se ocultan usualmente bajo el escritorio de los compañeros de trabajo, quienes aplauden los logros de sus vecinos mientras corroen con desprestigio los méritos de su ascenso.

Lamentablemente, es muy simple desprestigiar los valores, las aptitudes y actitudes de las personas; y es más fácil todavía, cuando las habilidades de los victimarios muestran una dulce máscara (de esas que no parten un plato), pero sus artimañas pueden mentir y desmentir cualquier versión con tal de crear situaciones ventajosas sobre su víctima. ¡Divide y reinarás!

La fama en la mitología griega Feme u Osa se consideraba la personificación de los rumores, los cotilleos y la fama. Precisamente, su equivalente romano sería la diosa Fama, encargada de extender los rumores y los hechos de los hombres sin importar si era cierto o no.

Si el dinero del envidioso no alcanza ni si quiera para comprar un kilo de envidia (porque la envidia pesa), hay quienes usualmente acuden a la facilista difamación, por ser el más bajo y barato de los recursos para desprestigiar los valores y la dignidad de un individuo cualquiera. Esto no quiere decir que la envidia va de la mano de la pobreza, pues también existen personas adineradas que invierten costosas sumas de dinero en destruir la felicidad de otros, simplemente, porque su dinero no puede comprar paz.

Contradictoriamente la artillería de la difamación es muy útil para tomar represalias o vengarse y convertir a la víctima en victimario. Aquí no hay pudor para desnudar el alma envenenada de envidia, por una derrota de una contienda qué seguramente tampoco existió.

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