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Ni cambios ni remedios

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Resumen

El artículo critica la gestión del gobierno de Petro en Colombia, acusándolo de incumplir promesas, obstinación e intolerancia. Señala gastos excesivos en viajes internacionales, mala gestión sanitaria durante la COVID-19 y propuestas de reformas impopulares.

Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)
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Por: Gabriel Ortiz

Pasan los días, los meses y más de un año, sin que alumbren los cambios anunciados por un gobierno que se montó sobre promesas y más promesas, para solucionar todo lo malo que soportaba Colombia.

Con la simple X trata de solucionar millares de incógnitas que formula un pueblo que esperaba ejecuciones racionales, reales y prontas.

Obstinación e intolerancia enmarcan los propósitos del gobierno Petro, que no admite pensamiento alguno al resto de una nación a la que le encomendaron gobernar sin camisas de fuerza.

Petro llegó a la Casa de Nariño, con un arrume de reformas que el pueblo y el congreso empezaron a analizar, como siempre se acostumbraba. Pero desde el primer día notificó que sus textos y su voluntad eran inmodificables. Tal vez olvidó que son tres, los poderes a los que encarga la Constitución el manejo de este país.

En medio de sus inagotables viajes por el mundo, acompañado de nutridas comitivas, que cuestan millones de dólares, Petro tercamente ha querido pasar la reforma a la salud sin permitir modificación alguna. Para completar, encargó al obstinado Guillermo Jaramillo defenderla, a su manera.

Este porfiado funcionario auto declarado enemigo de las vacunas en un país amenazado por el covid, dejó vencer 1.080.000 de ellas, mientras la población está sometida al virus.

En este gobierno, en el que al parecer todo marcha manga por hombro, ministros y colaboradores le toman el pelo a un mandatario “regañón”. Por ejemplo, el presupuesto del año anterior, solo se ejecutó en un 87.3% y para completar el titular de salud se salió del ruedo para, inconsultamente proponer una nueva reforma tributaria, que aumentó el descontento entre los colombianos por su presidente. Hay despilfarro y gastos suntuarios, mientras falta plata para cosas elementales, como para el mantenimiento de los aviones de la Fuerza Aeroespacial Colombiana.

Solo salen dineros a borbotones para viajes presidenciales que se multiplican, ante la carrera contrarreloj de Petro, por adueñarse del liderazgo del mundo contra el calentamiento del planeta. Los demás países y jefes de Estado, siguen utilizando combustibles fósiles y exportándolos para no caer en el empobrecimiento.

Volviendo al tema de la salud, la situación es grave, porque se insiste en reformas innecesarias. 18 reconocidos exministros de salud y hacienda, empresarios y gente pensante, consideran que la reforma es atropellada, desafortunada, desacertada, preocupante y patética. Casi ninguno de sus objetivos, tienen juicio.

Hay temas, en ella, que se pueden adelantar con elementales decretos ministeriales. Pero Jaramillo le pide a la Corte Constitucional pronunciarse. Jaramillo desconoce las normas que le concede la ley.

El presidente Petro debe entrar en un raciocinio que le permita permanecer en tierra, porque desde la virtualidad, desde el aire y desde otras dimensiones, es imposible gobernar. Debe conocer el país de la belleza y gobernarlo. No insistir en lo que hizo con Bogotá durante su alcaldía. Su destreza está en el parlamento, no en el ejecutivo. Ni el cambio, ni el remedio aparecen.

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