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Un país en llamas: la tormenta perfecta

Resumen

El fenómeno de El Niño, junto con políticas públicas inadecuadas y irresponsabilidad ciudadana, está generando incendios forestales devastadores en Colombia. Las acciones humanas intensifican el cambio climático, requiriendo planes de acción urgentes para mitigar su impacto.

Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)
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by Roger Forero Hidalgo
Un país en llamas: la tormenta perfecta

El Niño es, en pocas palabras, un fenómeno climático periódico que calienta las aguas del Océano Pacífico y altera los patrones de lluvia, llevando a sequías en algunas regiones y a inundaciones en otras. Con su paso se intensifican las condiciones secas, propiciando así la aparición y propagación de incendios forestales. Colombia enfrenta lo que podría describirse como una 'tormenta perfecta' por una confluencia de cambio climático, políticas públicas inadecuadas, la irresponsabilidad de algunos ciudadanos y un fenómeno natural que sobrepasó la capacidad de respuesta.

Una de las imágenes más lamentables que nos dejó esta temporada de sequía fue el incendio en el páramo Berlín, que se convirtió en un cementerio de frailejones. Una planta nativa que desempeña un papel crucial en la captación de agua al absorber la humedad de la neblina y la lluvia, contribuyendo a la formación de fuentes de agua. Su pérdida, lamentable desde todo punto de vista, no sólo afecta la biodiversidad, sino el suministro de este recurso esencial para la vida.

Sin embargo, más allá de las condiciones climáticas, la crisis se ve agravada por la ausencia de políticas públicas efectivas contra el cambio climático. Colombia, como muchos otros países de la región, ha sido lenta en implementar estrategias que mitiguen los efectos del cambio climático y que preparen al país para enfrentar sus consecuencias.

La falta de inversión en sistemas de alerta temprana y el inadecuado ordenamiento territorial son solo algunas de las deficiencias que han contribuido a la severidad de la temporada de incendios actual. Ello sin mencionar la irresponsabilidad de inescrupulosos que, por desconocimiento, ignorancia, o peor, por intereses oscuros ligados al volteo de tierras y prácticas de la misma naturaleza, aprovechan las condiciones ambientales en las que cualquier chispa tiene el potencial de tornarse en un poderoso incendio.

El impacto de esta crisis ha sido especialmente fuerte en Santander. La región ha sufrido considerablemente debido a los incendios, que han devastado grandes extensiones de tierra y han puesto en peligro la biodiversidad y los recursos hídricos. Esta crítica situación nos lleva a reflexionar sobre la importancia de cambiar nuestros hábitos, en puntos como la alimentación y el medio de transporte utilizado, así como en la necesidad de ejercer presión sobre los gobiernos para que adopten medidas más firmes en la lucha contra el cambio climático.

Es fundamental que tanto individuos como comunidades se involucren activamente en la reducción de la huella de carbono, adoptando prácticas sostenibles en la vida cotidiana. Paralelamente, es menester que los gobiernos del Sur Global canalicen esfuerzos para fortalecer e implementar los compromisos ambientales y desarrollar políticas que aborden efectivamente las causas y consecuencias del cambio climático.

Pensar Ciudad es captar que la temporada de incendios es un llamado urgente a la acción. Requiere una respuesta inmediata y coordinada que involucre tanto a las autoridades como a los ciudadanos. Solo a través de un esfuerzo conjunto y sostenido podremos mitigar los efectos del cambio climático y proteger nuestros valiosos ecosistemas para las futuras generaciones.

En una época en la que el escepticismo irracional se autodenomina pensamiento crítico, es necesario que desde todos los espacios se haga pedagogía. Nadie puede negar que el Niño es un fenómeno natural, como tampoco se puede negar que su intensidad y frecuencia se ve alterada por la acción humana. Necesitamos empezar a diseñar protocolos de acción, pues los impactos económicos, sociales y ambientales de la sequía, que luego será reemplazada por lluvias torrenciales, hasta ahora están vislumbrándose en un año que se augura complicado.

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por Roger Forero Hidalgo

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