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Taller de escritura

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Resumen

El autor reflexiona sobre su experiencia con la escritura, desde sus primeros intentos de escribir poemas hasta su publicación en el periódico El Frente. Celebra four años de aprendizaje en redacción y agradece a aquellos que le han ayudado en su viaje.

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Por: Claudio Valdivieso

A medida que la vida transcurre nos permite explorar momentos, que de alguna forma se convierten en laboratorios o talleres de aprendizaje y nos conduce a la experiencia. Si nos arriesgamos un tantico más allá, encontraremos toques de sabiduría muy útiles para entrenar los recuerdos y caricaturizarlos si es posible.

De alguna forma, cada instante de recorrido en la escenografía de nuestra existencia justifica valorarse, y si es constructivo escribirlo y compartirlo. Escribir, para unas personas es una locura a la que sí se atreverían; para otros, escribir no es necesario porque ya existen las bibliotecas y seguramente allí encontrarán lo que alguna vez quisieran expresar.

“Hay quienes dicen que escribir es de locos, así como dicen otros locos que ni así escribirían”.

Por un extenso tiempo de mi vida estuve en el segundo de los bandos, y recuerdo que después de otro tiempito, me dejé invadir por una refrescante locura de escribir pequeños poemas a las muchachas bonitas que producían sensaciones extrañas en mi pecho. ¡Esas sensaciones eran indescriptibles pero inolvidables! En mi juventud, escribía con un kilométrico versos, poemas y cartas que me dejaron enemistad con la escritura y la enseñanza de abandonar mi torpe carrera de poeta.

Mis amigos insistieron, por mi bien, qué para conquistar a las muchachas bonitas de la escuela, debería intentar otros medios más dulces en las tiendas, como confites y chocolates a cambio de mis poemas. Entre más versos repartía, más rápido se espantaban las bonitas y mi corazón salía estropeado, mientras los poemas se inhumaban picados milimétricamente en la caneca del salón de clases.

De pronto el 13 de marzo de 2020, Don Rafael Serrano Prada tuvo la osadía de concederme un espacio en el Periódico EL FRENTE para publicar mi primer artículo titulado ¿Seré absurdo? En él, hacía referencia al valor de los recuerdos de quienes ya no estaban, y cuanto aprendí de ellos la enseñanza de los amores. Sentí caer en el abismo de la escritura accidentalmente, pero fue ahí donde recibí los primeros golpes de mis torpezas. Lo único que me faltaba era redacción, gramática y unos cuantos deslices de ortografía. Salté a la piscina de letras y naufragué en medio de muchos amigos que me lanzaron salvavidas de valor.

Ahora en marzo, celebro cuatro años de escuela en este taller de vida y escritura en EL FRENTE, oportunidad, que aprovecho para agradecerle a todo el equipo de trabajo. A don Alvarito Angarita, gracias por su paciencia. Igualmente, mi gratitud a quienes antes de limpiar los vidrios o empacar los vasos del trasteo con mis columnas, se atreven a leerlos, comentarlos, y enseñarme en la sana crítica.

Para completar mi corta y grata experiencia en el ensamble de palabras, Daniel Navas Corona y la Biblioteca Virtual El Libro total, cedieron un cubículo a mis escritos en el “estante” virtual de su biblioteca. ¡Gracias!

Cuatro años de aprendizaje, y los que aún me faltan, son insuficientes para extenderles mi invitación a escribir, a construir historias domésticas, anécdotas y enseñanzas qué, con seguridad, los hijos de nuestros hijos disfrutarán como patrimonio en el testamento de inolvidables memorias.

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