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Colombia está sumergida en una burbuja de violencia cíclica

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Resumen

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Los colombianos nos creímos el cuento de que la Paz era una realidad y que la época en la cual morían nuestros connacionales destrozados por las bombas, granadas, pipetas de gas y balazos, serían cosa de un recuerdo triste, que eso pasaría ser sólo parte del pasado.

Qué lejos de la realidad ese panorama que se nos pintó paradisiaco, el cual estuvo ambientado en firmas de tratados en Cartagena y en Bogotá, con esculturas de palomas de la paz y entrega de Premio Nobel de Paz al presidente de turno.

Ese fue el momento cumbre de la vida colombiana en que tres generaciones dejamos caer una lágrima de felicidad porque nos convencimos, así sea por ese efímero momento, que nuestros nietos y progenies siguientes no crecerían en medio de la guerra.

Otra vez, como si Colombia estuviera sumergida en una burbuja de violencia cíclica, hemos despertado con los ataques contra poblaciones, que nada tiene nada de diferente a los que se produjeron desde los años sesenta del Siglo pasado, hasta mediados del año 2015.

Esa película que transcurrió en cámara lenta para unos y a una velocidad de vértigo para otros, se escenificó en Jambaló, un municipio enclavado en la zona montañosa del departamento del Cauca, en donde otra vez, y a la vieja usanza, atacaron el Banco Agrario, el puesto de policía, a la población civil, a los helicópteros del ejército, destruyeron entidades públicas y provocaron masivos desplazamientos.

No se sabe aún a que grupo pertenecen los bandidos que llegaron a tomarse esa población a sangre y fuego. Tampoco se ha esclarecido el tema desde el Ministerio de Defensa, entidad que con un actuar paquidérmico, da tumbos de ciego y tiene a las Fuerzas Armadas cuadripléjicas porque no las deja actuar con contundencia.

No se ha disipado aún el humo de la pólvora en la región caucana, y otra noticia de violencia sacude el suelo nacional, porque en Tierralta, ahora en el norte del país, en el departamento de Córdoba, un grupo de paramilitares amenazó, maltrató, golpeo a miembros de la población y violaron a una mujer indígena.

Pobladores dicen que reconocieron entre estos hombres a miembros del Ejército nacional, con lo cual, otra vez, esa violencia cíclica salta escena y ahora también nos acecha el que se pueda repetir el cruento enfrentamiento de paramilitares con guerrillas, con saldos de muertes que, creíamos, estábamos en vías de extinguir del suelo del país.

La Paz no llegó como la esperábamos y tampoco tiene medio de transporte para pisar el suelo colombiano. Ese espejismo se convirtió en el preámbulo de males mayores, aupados por los exministros del Gobierno Duque, que fueron Guillermo Botero Nieto, Luis Fernando Navarro, Carlos Holmes Trujillo y Diego Molano Aponte, quienes por todos los medios le echaron gasolina a la hoguera y, el ahora Ministro de Petro, Iván Velázquez, quien da tumbos si poder ni decisión y demuestra que no le interesa pacificar el país.

El liderazgo se perdió para defender al Estado, a los ciudadanos y al territorio nacional. Otra vez esas fuerzas obscuras, incentivadas por el negocio de la guerra y embriagadas con el olor a sangre y pólvora, empiezan a ganar terreno, o a recuperarlo, en un país cuyas capacidades militares han sido absorbidas por los intereses políticos o las decisiones políticas no tienen la obediencia militar.

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