Venga tío y charlamos tantico
La negociación y el diálogo son claves para superar la polarización y construir consensos en la vida pública.
La negociación y el diálogo son claves para superar la polarización y construir consensos en la vida pública.
Los puntos clave serán generados automáticamente por IA y revisados por la redacción de El Frente.
El contexto histórico y los antecedentes serán generados a partir del archivo periodístico de El Frente.
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Por: Rodrigo González Márquez*
Esta semana vi una publicación que me llamó mucho la atención en la cuenta de instagram de @extituto. La imagen mostraba al recién elegido presidente del Senado en medio de un abrazo de felicitación tras su victoria en el recién posesionado congreso; el título que le adornaba: “¿Todavía no le hablas a tu tío por las elecciones? mientras tanto los partidos que son opositores acaban de votar juntos para elegir al presidente del Senado”.
Para muchas personas, una escena como estas puede interpretarse como pobreza ética, falta de sensatez, o simplemente como una vil traición. Es normal pensar esto cuando hemos tenido meses, años, décadas en medio de una especie de doctrina de atrincheramiento ideológico. “Si él no piensa como tú, es el enemigo” pareciera ser la consigna.
Sin embargo, el ejercicio realizado es precisamente el espíritu de una figura como la asamblea, esos cuerpos colegiados que ya en la antigua Grecia sesionaban para tomar decisiones en grupo en búsqueda de la mejor opción por ejecutar, o para aminorar los efectos de alguna situación crítica que se estuviera presentando. El objetivo era claro, escuchar todas las posiciones y luego llegar a consensos. Esto, que suena tan sencillo, en la práctica está lleno de complejidades: escuchar (de manera efectiva y sin predisposición), ceder, y tomar decisiones que seguramente no van a ser un reflejo de la idea principal que cada uno traía.
Lejos de entrar a la vaga (aunque comprensible) crítica de ver un “complot” entre partidos políticos histórica y diametralmente opuestos desde lo ideológico, pienso que el debate debe darse más en la calidad de las ideas expuestas y en la seriedad de los compromisos adquiridos. Ir un poco más allá será apremiante, como, por ejemplo, el análisis del impacto que las decisiones consensuadas tendrán en la comunidad, por ejemplo.
Es así como la “negociación” deberá despojarse de tanto tabú y misticismo. Es más que necesario el ejercicio de negociar a través del diálogo. Sentarse en una mesa a exponer ideas, por muy distintas que sean, está muy por encima de empuñar armas en defensa de lo que pienso. Hay que tener claro que existe una diferencia abismal entre “negociación” y “transacción”.
Pero como todo en la vida, cada tema tiene su ciencia. El espíritu de negociación no es innato. Es necesario estudiar, practicar, y progresivamente avanzar en técnicas que lleven a diálogos maduros, responsables, y especialmente respetuosos.
Es por ello por lo que uno de los desafíos de los liderazgos en nuestro país deberá ser la cultura de diálogo, y la tecnificación de la negociación en todos los niveles. Estas herramientas permiten atender situaciones calamitosas y de urgencia, e incluso prever otras antes de que se detonen. La proliferación de protestas no es otra cosa sino el síntoma de esta enfermedad que cada vez nos asfixia más, la falta de escucha, el cerramiento de oídos prestos a atender de manera genuina. Las trincheras de lo ideológico nos están ahogando. Es hora de tomar el celular, abrir el chat con el tío, y decirle que un café nos espera.
*Docente y Consultor en manejo de conflictos X: @rodrygonzalezma