Y el hombre estropeó la mujer
Camille Claudel simboliza la injusticia histórica contra las mujeres: talento, censura y encierro marcaron su vida y su obra.
Camille Claudel simboliza la injusticia histórica contra las mujeres: talento, censura y encierro marcaron su vida y su obra.
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Por: Luis Guillermo Giraldo.
Puedo hacer un paralelo entre la esclavitud y la situación histórica de la mujer. Tratamiento de inferiores, padecieron mutilación de su libertad y derechos. Mientras el esclavo fue explotado de manera directa, a las mujeres se les impusieron ciertas labores, les impidieron muchas otras, especialmente en la cultura, la política y la creación artística.
Trágico y emblemático fue el caso de Camille Claudel. Francesa, nacida en 1864, genio, desde niña demostró su aptitud para la escultura modelando en barro. Hoy grande y reconocida, pero a los 19 años, como alumna, cayó bajo la seducción de su maestro y famoso a sus 43, Auguste Rodin. Diez años amantes, ella resolvió romper esa relación tóxica. Después sufrió ataques de paranoia y destruyó algunas de sus obras.
Su madre y su hermano, Paul Claudel, resolvieron internarla en un manicomio. El 10 de abril de 1913, frente a su estudio, se bajaron de una ambulancia tres camilleros y a la fuerza la llevaron al sanatorio. No valieron sus cartas, llenas de buen sentido, ni los dictámenes médicos sobre su cordura, ni las súplicas de la secuestrada a las autoridades, 30 años sufrientes estuvo recluida. Anhelando esculpir y sin poder hacerlo. ¿A cuántas mujeres no se les habrán cercenado sus facultades creativas sin necesidad de confinarlas como a Camille?
¿Ocurriría lo mismo con un hombre? En esa época la escultura se consideraba una actividad masculina. La prensa publicaba chistes. Una alumna pregunta a su profesor si sus esculturas serían dignas de una exposición; este le contesta: más digna está usted para la cama. Otra inquiere la técnica para esculpir niños; la respuesta: mejor preocúpese por parirlos bien.
Camille, muy retadora. Preguntada por la mejor esposa: la que hace rabiar al marido. El mejor esposo: el sometido. La mayor desgracia para una mujer: tener muchos hijos.
Hoy críticos de arte la consideran más elevada artista que Rodin. Esculturas “que parecen escuchar”; allí “el gesto que piensa”; “en sus manos el barro parece sufrir.” Miro las fotos de sus bronces y advierto en ellos su gran intimidad; la materia ha desaparecido, se ha espiritualizado; mejor, se ha tornado en humana.
En su retrato ella impresiona por su belleza. Es de una perfección simétrica unida al encanto de lo muy femenino. Con algo de niña en su apenas ligera madurez, sensual y misteriosa. Sin maquillaje, auténtica en sus claras proporciones. Y sus ojos, observan con fuerza y meditan con indiferencia melancólica. Si la Mona Lisa -escurrida, frailuna- solo alcanza a una indescifrable sonrisa, Camille es todo un enigma de la belleza de la naturaleza plasmada en el rostro de una mujer.
Si Virginia Woolf pedía ir a la tumba de Aphra Bhen, dramaturga, poeta y hasta respetada espía, combatiente y valiente novelista de 1640, a rociarla de flores, más lo merece Camille, inmensa a pesar de que Rodin la explotó y la estropeó. Sufrió injusticia que reivindica a Eva. Mujeres, mejor quedaría el pasaje bíblico asegurando que Adán le ordenó a ella probar la manzana; y solo después procedió él, de conformidad.