Zona Franca de Santander conquistó a la OCDE ¿Cómo lo hizo?

Zona Franca de Santander conquistó a la OCDE ¿Cómo lo hizo?

Resumen

Zona Franca Santander se convierte en la primera en Colombia en obtener la certificación 'OECD Certified FTZ'. Este reconocimiento destaca su compromiso con la confianza y la competitividad, reforzando el desarrollo económico basado en prácticas éticas y sostenibles.

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En medio de uno de los auditorios donde se discuten las reglas del comercio global, donde cada cifra tiene eco en los mercados y cada estándar redefine la competitividad, una voz colombiana se abrió paso con un mensaje simple pero poderoso: el crecimiento económico no se sostiene solo con inversión, sino con confianza.

 

Por Camilo Ernesto Silvera Rueda - Redacción Economía / EL FRENTE

Fue precisamente esa idea la que marcó el momento en que Zona Franca Santander recibió una certificación histórica de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), convirtiéndose en la primera en Colombia y una de las pioneras en América Latina en obtener el sello “OECD Certified FTZ”.

El reconocimiento fue entregado en París, durante el OECD Forum on Countering Illicit Trade, un escenario reservado para discutir los desafíos más complejos del comercio internacional, como la trazabilidad, la legalidad de las operaciones y la lucha contra el comercio ilícito. Allí, frente a representantes de organismos multilaterales, diplomáticos y expertos globales, Andrea Serrano, gerente de Zona Franca Santander, no solo recibió el certificado: ofreció un discurso que terminó por definir el alcance real de este logro.

 

“La confianza se construye”

Lejos de limitarse a celebrar, Serrano planteó una reflexión que resonó entre los asistentes: en un mundo obsesionado con el crecimiento, pocas veces se cuestiona sobre qué se construye ese crecimiento. Y su respuesta fue directa, casi como una declaración de principios: la confianza no es un complemento del desarrollo, es su cimiento.

“No se puede imponer ni decretar. La confianza se construye”, afirmó, delineando una idea que atraviesa tanto la ética empresarial como la estrategia económica. En su intervención, insistió en que la transparencia, la coherencia y la integridad no son solo valores abstractos, sino herramientas concretas que definen la sostenibilidad de cualquier ecosistema productivo.

El reconocimiento que recibió Zona Franca Santander no es simbólico ni automático. Forma parte de un esquema global impulsado por la OCDE para certificar zonas francas que cumplen con estándares rigurosos en materia de control de mercancías, trazabilidad, seguridad operativa y buenas prácticas empresariales. En este piloto internacional, solo tres países fueron seleccionados: España, Costa Rica y Colombia. Y dentro de este selecto grupo, el complejo santandereano logró posicionarse como referente.

El proceso de certificación fue exhaustivo. Durante semanas, auditorías lideradas por Bureau Veritas examinaron cada eslabón de la operación: desde los sistemas de control de inventarios hasta los mecanismos de ingreso y salida de mercancías, pasando por la verificación de métodos de pago, protección de propiedad intelectual y reportes a autoridades. No se trató únicamente de cumplir requisitos, sino de demostrar consistencia en la manera en que se hacen las cosas.

Ese es precisamente el punto que Serrano subrayó en su discurso: la competitividad no puede medirse solo en resultados, sino en la forma en que esos resultados se alcanzan. En otras palabras, no basta con crecer; importa cómo se crece.

Hoy, Zona Franca Santander alberga 60 empresas y genera más de 6.000 empleos directos e indirectos, convirtiéndose en un motor clave para la economía del oriente colombiano. Pero más allá de las cifras, el reconocimiento internacional valida un modelo de desarrollo que apuesta por la articulación entre sector público y privado, el fortalecimiento institucional y la proyección global del talento regional.

En París, ese mensaje tuvo un destinatario claro: el mundo. Serrano habló de Santander como una región “resiliente y poderosa”, capaz de competir en escenarios internacionales no desde la escala, sino desde la solidez de sus prácticas. Su intervención transformó la narrativa habitual, esa que suele concentrarse en grandes capitales o economías dominantes, para demostrar que las regiones también pueden liderar procesos de excelencia.

El certificado “OECD Certified FTZ” no es un punto de llegada. Es, más bien, el inicio de un proceso de seguimiento que se extenderá durante los próximos cuatro años, con auditorías periódicas que evaluarán el cumplimiento continuo de los estándares. En el quinto año, la zona franca deberá someterse a una recertificación, un mecanismo que obliga a mantener —y mejorar— los niveles alcanzados.

Esa lógica de mejora continua también fue parte del mensaje central. Para Serrano, el reconocimiento no pertenece únicamente a la entidad que lidera la operación, sino a todo un ecosistema: empresas, trabajadores, aliados estratégicos y una región que ha entendido que la competitividad no es un esfuerzo individual, sino colectivo.

 

“…una ventaja competitiva”

“Este logro no es solo nuestro”, dijo, ampliando el alcance del reconocimiento hacia un tejido empresarial que ha sabido adaptarse a las exigencias globales sin perder su identidad local. En ese punto, el discurso se volvió casi un manifiesto: la confianza, más que un valor ético, es una ventaja competitiva real.

En un contexto internacional donde el comercio enfrenta desafíos crecientes desde cadenas de suministro fragmentadas hasta presiones regulatorias y riesgos de ilegalidad, la certificación obtenida por Zona Franca Santander envía una señal clara: es posible construir modelos empresariales que sean, al mismo tiempo, eficientes y transparentes.

La escena en París, con representantes de la OCDE, líderes internacionales y el embajador de Colombia en Francia, Alfonso Prada, no fue solo un acto protocolario. Fue la confirmación de que, en medio de un sistema global cada vez más exigente, una región colombiana logró posicionarse como ejemplo.

Y quizás ahí reside el verdadero valor de este hito. No en el certificado en sí, sino en la idea que lo sustenta: que la confianza, ese intangible que rara vez aparece en los balances financieros, puede convertirse en el activo más sólido para competir en el mundo. Desde Santander, esa apuesta ya está en marcha. Y ahora, con sello internacional.

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