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A las internas del Buen Pastor les quitaron la libertad pero no las ganas de emprender

40 internas del Buen Pastor reciben formación en barismo, liderazgo y emprendimiento para fortalecer su reinserción social y opciones laborales.

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El inconfundible aroma del café recién preparado ya no solo recorre las cafeterías de Bucaramanga. Desde hace varios días también impregna los corredores, oficinas y salones de la Cárcel y Penitenciaría de Media Seguridad para Mujeres de la capital santandereana, donde 40 internas cambiaron, al menos por unas horas, la rutina del encierro por el aprendizaje de un oficio que podría convertirse en el punto de partida de una nueva vida.

 

Por Camilo Ernesto Silvera Rueda - Redacción Política / EL FRENTE

Se trata de un programa de formación en barrismo que busca mucho más que enseñar a preparar un buen espresso o un capuchino. La iniciativa pretende brindar herramientas reales para la inclusión laboral, el emprendimiento y la reinserción social de mujeres privadas de la libertad, apostándole a que, una vez recuperen su libertad, puedan acceder a oportunidades de empleo o incluso crear sus propios negocios.

El proyecto es resultado de una alianza entre la Fundación Rosa, la Escuela de Mujeres Baristas, Colombia College, la Universitaria del Chicamocha (Unich), Café Tierra Brava, Café Topo, Casa Libertadoras y un grupo de empresarios que decidieron respaldar una estrategia enfocada en la transformación social mediante la educación.

Durante el proceso de capacitación, las participantes reciben formación técnica en métodos de filtrado de café, preparación de expresso y bebidas a base de leche como el capuchino, además de conocimientos sobre atención al cliente en cafeterías y restaurantes, una habilidad cada vez más demandada dentro del creciente sector gastronómico y turístico del país.

Sin embargo, el programa va mucho más allá de la preparación de bebidas. Las internas también fortalecen competencias personales y empresariales mediante módulos de liderazgo, emprendimiento, independencia económica, educación financiera y cultura cafetera colombiana, buscando que el aprendizaje se convierta en una herramienta integral para afrontar el regreso a la vida en libertad.

Los promotores de la iniciativa destacan que uno de los mayores desafíos para quienes han estado privados de la libertad es encontrar oportunidades laborales que les permitan reconstruir su proyecto de vida. Por ello, consideran indispensable generar espacios de formación que disminuyan las barreras de acceso al empleo y fortalezcan la confianza de las participantes.

"Creemos firmemente que una nueva oportunidad comienza con educación, confianza y herramientas para construir un proyecto de vida. Cada taza de café preparada durante este proceso representa un paso hacia un futuro con más esperanza", expresó la profesora Luisa, una de las impulsoras del programa.

La docente señaló además que este proyecto evidencia cómo el trabajo conjunto entre la academia, el sector empresarial y las organizaciones sociales puede traducirse en oportunidades concretas para poblaciones vulnerables, convirtiendo el conocimiento en un instrumento de transformación social.

 

La Escuela de Mujeres Baristas, liderada por la Fundación Rosa, ha orientado su trabajo a formar mujeres en habilidades técnicas relacionadas con la cultura cafetera, promoviendo simultáneamente el liderazgo, la autonomía económica y el desarrollo personal. Su propósito es demostrar que el café puede convertirse en un vehículo para generar inclusión, dignificar a las personas y abrir caminos hacia una vida productiva.

Mientras las máquinas de espresso comienzan a sonar dentro del establecimiento penitenciario y las primeras tazas son servidas por manos que buscan escribir una nueva historia, el proyecto deja un mensaje claro: en ocasiones, una segunda oportunidad también puede empezar con el aroma de una buena taza de café.