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Alacena de tiempo

El artículo reflexiona sobre el tiempo como martirio, aprendizaje y paso inevitable entre el nacimiento y la vejez.

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Línea del tiempo · IA
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Para Lácides Puertas el tema del tiempo es y seguirá siendo su martirio. Esto le sucede porque a estas horas de la noche no entiende cuánto tiempo ha desperdiciado en su vida, cuánto le ha enseñado y cuánto le queda por aprender de él; de las prioridades y las oportunidades, de todas esas cosas que lo distraen, incluso el tiempo que “pierde” cada vez que escribe para inmortalizar sus reflexiones.

Sostiene el poeta que ni los recuerdos logran detenerlo frente al tiempo, aunque se contradice al decir que la vida le multiplica el tiempo cuando sueña o al recordar los felices momentos que le ha permitido su corta existencia; añade que el tiempo igualmente es eterno en el dolor y reflexiona: «¿Cuánto tiempo pasa durante un machucón de un dedo atrapado entre la puerta del carro y la eternidad de un orgasmo?».

¿Alguna vez alguien se ha detenido a mirar el reloj en ese instante?, pregunta el poeta en el silencio para calcular la diferencia entre la eternidad y el instante.

Dice Lácides que la vida pasa más rápido que el tiempo, aunque científicamente no ha logrado explicarlo porque tampoco ha tenido el tiempo suficiente para demostrarlo. Por tanto malestar y confusión en este asunto de la vida y el tiempo, precisamente por la velocidad del tiempo, ahora se le ha ocurrido la absurda idea de comprimir el tiempo de la vida, envolverlo en sueños y encapsularlo en un estuche para poder obsequiarlo a sus amores y a su gente ahora que la nueva Navidad pone a prueba los bombillos del viejo pesebre.

Un recién nacido y un anciano bien anciano es el mejor reloj, por así decirlo, para Lácides… ¡ese es el tiempo!, dice el poeta, mientras ojea meticulosamente una foto análoga, sepia, de un anciano de lentes gruesos, de mirada agotada y sonriente; piel blanca, con ligeras escaras en sus brazos, recostado en un viejo sillón, entre cojines, quien sostenía en sus brazos a su nieta recién nacida, una muñeca morenita de cabello rizadito y ojos negros. El contraste del tiempo y el color de la foto capturó toda la atención de Lácides y encendió el motor de su imaginación para poner en funcionamiento el complejo tema del tiempo. ¡Eureka! Esa foto define todo, la foto es el calendario de mil recuerdos que han transcurrido en la distancia del tiempo. La vida es solo el tiempo que transcurre entre el nacimiento y la vejez.

Entonces, ¿será posible llenar una cajita con tiempo para conservarlo en los bolsillos y recurrir a ella cuando la vida nos exija el tiempo adicional que niega el reloj?

La suma de cada segundo envejece aparentemente muy despacio, aunque podríamos asegurar que la vida pasa rápido y solo hay que esperar, sin más afanes, para que Lácides logre materializar el tiempo, porcionarlo y conservarlo para la posteridad.

El tiempo es una obra magistral que se recorre en la travesía de la imaginación de la infancia a la sabiduría de la vejez que deja recuerdos como testimonio.