Biches para pensar
La educación debería formar ciudadanos críticos y útiles para la vida, no solo estudiantes que memorizan y aprueban exámenes.
La educación debería formar ciudadanos críticos y útiles para la vida, no solo estudiantes que memorizan y aprueban exámenes.
Los puntos clave serán generados automáticamente por IA y revisados por la redacción de El Frente.
El contexto histórico y los antecedentes serán generados a partir del archivo periodístico de El Frente.
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Bienvenidos al mundo educativo, ese sistema en el cual somos internados desde la infancia y que resulta, en ocasiones, absurdo. Es una fábrica cuyo enfoque principal es memorizar textos, fórmulas y fechas de batallas extranjeras ocurridas hace siglos.
Por: Andrés Santiago Rico Prada
Sin embargo, no nos enseña cómo leer un contrato laboral, entender nuestros impuestos, identificar estafas o, incluso, cómo participar conscientemente en la vida democrática. En resumen: no aprendemos a sobrevivir en un mundo real que carece de orden o reglas estrictas; mucho menos en este país, donde a menudo imperan la anarquía y la ley del más vivo.
En el ámbito escolar, el éxito se mide por seguir reglas rígidas que deberían ser variables. La filosofía y el lenguaje sin cohibiciones terminan bloqueados porque se anula el pensamiento crítico; cuestionar y preguntar «¿por qué?» puede resultar peligroso. Existe una profunda incongruencia en la visión cerrada de que solo importa aprobar. Comprendemos cómo resolver ecuaciones complejas, pero rara vez cómo funciona un gobierno. Y claro, ¿cómo saberlo? Si para el sistema resulta vergonzoso repasar los contextos históricos reales. No obstante, entre la pena y el desatino, debería inculcarse en nuestras juventudes una actitud de cambio y de inconformismo ante lo sucedido, para así surgir y soñar despiertos con un progreso cultural importante. Bien dicen que «el que no conoce la historia está condenado a repetirla».
Al final, se recurre a ser autodidacta: a aprender en la famosa calle las habilidades y conceptos que en la vida laboral son esenciales. Se supone que las escuelas nos preparan para la vida, pero me gustaría saber para cuál. Nos quedamos únicamente recordando las palabras del escritor de turno para responder preguntas. Las pruebas ICFES son la ósmosis de la educación, el escenario donde los estudiantes prueban sus capacidades; sin embargo, presentarlas resulta redundante. Dichas evaluaciones son muy diferentes a lo que evidenciamos en las aulas de clase. Entre el miedo lánguido de no saber qué responder y la impotencia de impresionar a nuestras familias, el «pinochazo» termina siendo la mejor salida. Gracias a esto, los cursos de preparación pre-ICFES pueden cobrar la cantidad que les plazca; la educación actual es tan pobre que hay que tomar atajos como este. ¿No debería ser el éxito en esas pruebas el principal objetivo y reflejo de las instituciones?
La sociedad necesita ciudadanos capaces de pensar, distinguir los hechos de la propaganda y cuestionar la realidad que los rodea. No simples estudiantes que llenan cuadernos memorizan derivadas o leen obras sin comprender su contexto. La educación debería orientarse también hacia lo que realmente necesitamos saber: derechos, economía, ciudadanía, pensamiento crítico y herramientas para la vida.
Nuestra mayor virtud no debería ser la ignorancia. La juventud es la base del futuro, pero seguimos formando expertos en responder preguntas ajenas y no en formular las propias. Tal vez cambiar esta realidad parezca utópico, pero educar para pensar, cuestionar y transformar debería ser una prioridad. La educación actual representa la tranquilidad y conformidad de muchos, la preocupación de algunos y, finalmente, un problema que nos afecta a todos.