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El texto critica la desinformación y la incoherencia de la campaña presidencial en Colombia, donde, según el autor, se manipulan ideas y valores para ganar poder.
El texto critica la desinformación y la incoherencia de la campaña presidencial en Colombia, donde, según el autor, se manipulan ideas y valores para ganar poder.
Los puntos clave serán generados automáticamente por IA y revisados por la redacción de El Frente.
El contexto histórico y los antecedentes serán generados a partir del archivo periodístico de El Frente.
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Por: Claudio Valdivieso
Según Lácides Puertas, entre sus alucinaciones y la política existe cierta afinidad por los ideales, debido a la interpretación que les da cuando, juntas y sin sentido, se pierden del sentido común. «Aquí todos hacen parte del sistema», afirmó el poeta, un tanto aturdido por el ruido de las campañas presidenciales, ya que esto es totalmente nuevo para él.
Lácides es ingenuo y sigue sin entender por qué, para levantar votos es necesario destruir el país para después volver a componerlo; por supuesto, a un alto costo. Es verdad que es imperioso elegir el futuro de nuestra maravillosa patria, y sostiene que las preguntas capciosas de las encuestas están diseñadas para favorecer y desfavorecer a los candidatos rivales. ¡Simplemente es estrategia!
Aclaro que este personaje, Lácides, apareció de la fantasía y nunca había tenido la oportunidad de observar unas elecciones presidenciales, además del ruidoso despelote que estamos enfrentando por el futuro del país. Él solo puede observar, opinar y reírse de las barrabasadas de la opinión, de los memes y de las «toneladas de periodistas» que salieron de la nada y de la fama a ofender y defender las mentiras y las verdades que navegan en las redes. Lácides lamenta no tener derecho a votar porque es un «individuo» indocumentado que, después de lanzar al aire sus barbaridades, regresa inocente a descansar en su morada: la novela.
Cuenta Lácides que, por instrucciones de la tinta y de su progenitor, tuvo que encarnar al personaje que solo puede ver la vida a través de sus alucinaciones, del dolor, la decepción y de la agonizante empatía de la gente. Este personaje nació para no entender; le tocó ser torpe, un tanto ignorante y sabio al mismo tiempo para aprender con discernimiento y así disfrutar los privilegios de la coherencia. Lácides vino a enseñar, incluso a aprender de sus propias alucinaciones, ya que su aparente locura solo le concede el privilegio de referirse a la incoherencia que enceguece el verdadero desastre en el que está Colombia.
La pobre información adulterada que se publica y la ostentosa desinformación de las redes tienen a Lácides muy desconcertado; más aún cuando el poeta, entre sus alucinaciones, piensa: ¿Qué será de los colombianos en cuatro años o antes si eligen mal? ¿Y los niños? ¿Será que vale la pena ofertar los principios y valores de la familia para engordar los escrutinios? En fin, dice Lácides que hay mil versiones, mil propuestas que lo aterrizan de un costalazo, aunque le duele más la falta de sensibilidad de los inescrupulosos para «vender» en argumentos las propuestas de que todo se vale para tomar el poder... hasta burlarse de la fe.
Para este poeta y absurdo soñador, está claro que, justo al rayar el sufragio, se debe pensar que en ese instante están naciendo niños colombianos por montones y de ese voto depende su futuro: dignidad, normas y los valores que regirán bajo ese presidente. ¿Será posible levantar la cabeza, así se detenga el universo, y mirar a los lados todo lo que sucede?