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Una foto tomada en un quirófano provoca en Lácides una reflexión sobre la fragilidad de la vida y cómo un instante puede volverse eterno.

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Una foto tomada en un quirófano provoca en Lácides una reflexión sobre la fragilidad de la vida y cómo un instante puede volverse eterno.

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Años después de ser diagnosticado de cáncer, un hombre, según cuenta Lácides, fue sorprendido por su hija cuando recibió de ella unas fotos de curiosos recuerdos difíciles de describir. «Solo mire», dijo el poeta, quien quedó confundido por las fotos y buscaba un título para guardarlas en los archivos.

El hombre de la foto se encontraba acostado en una camilla de cirugía vestido con una bata verde; somnoliento, adolorido, conectado a un par de mangueras en sus venas, dirigiendo una mirada incrédula a la lámpara que colgaba del techo y que confundió en ese momento con la luz que, según cuentan quienes han llegado hasta ahí y también han regresado de ese famoso túnel, sí existe.

Justo en el momento en el que el hombre de la bata verde alucinaba pensando que pisaba la línea final de la vida, regresó del viaje de la anestesia y, aunque poco recuerda, la foto describe toda esa confusión que Lácides califica como alucinante.

—La vida es extraña —dijo Lácides—; nada está escrito. Y sostuvo que, en medio de la angustia de la hija por el diagnóstico de su padre y este enredo en medio del ruido de los quirófanos y el aséptico olor que expiden las clínicas, la chica tuvo el valor de obturar la cámara, quizás pensando en que esta sería la última de su padre en vida y la guardaría para añadirla a sus recuerdos.

Pensaba Lácides: «¿Qué carajos pudo pensar la muchacha mientras obturaba la cámara a su padre mirando la luz del túnel que colgaba del techo? ¡Siento ambivalencia!», expresaba Lácides, y decía que en esa milésima de segundo quedaría registrada la incertidumbre de ese instante.

El insomnio se apoderó de Lácides, ya que le quedó dando vueltas todo lo que podría imaginar la joven mientras tomaba la foto. Eso lo enloqueció, pues para Lácides cada instante de la vida es una oportunidad para practicar la alucinante imaginación y alearla con el valioso reloj que no se detiene mientras la vida continúa con una velocidad incalculable. En una milésima de segundo se puede proyectar una vida entera. ¡Es increíble!, pero cada instante que se pierde en pendejadas solo nos enseña que la vida no espera que salgamos de ahí. La vida no considera; ella continúa sin obstáculo alguno, así todos los relojes se detengan.

Amaneció, y Lácides, cuidadoso de no dormirse para encontrar el dichoso título, se levantó de su lecho (su cama) y continuó pensando… Interpretó los mensajes después de leer y releer cada detalle de la foto y finalmente se decepcionó porque no le atinó al título, y mucho menos encontró respuestas de lo que pudo pensar la hija justo en ese instante. Sin embargo, sugiere Lácides que vale la pena reflexionar y recordar que es verdad que la vida pasa más rápido que el tiempo. Dedujo que la foto insinuaba una oportunidad, una esperanza, un instante que podría convertirse en eterno.

La vida compite contra el tiempo y los sueños. ¿Alguna sugerencia?