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Educación

Con apoyo de la UDES Marcelina cumplió el sueño de tener una casa digna en Bucaramanga

Con apoyo de la UDES Marcelina cumplió el sueño de tener una casa digna en Bucaramanga
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La UDES y la Fundación Mujer y Hogar transformaron la vivienda de esta adulta mayor en el barrio Brisas de Provenza. La intervención hace parte del proyecto Espacios Seguros, que busca mejorar las condiciones de habitabilidad de familias vulnerables. A los 20 años, Marcelina Panqueva Flórez perdió su casa en medio de la violencia bipartidista en Málaga, Santander. Junto con

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La UDES y la Fundación Mujer y Hogar transformaron la vivienda de esta adulta mayor en el barrio Brisas de Provenza. La intervención hace parte del proyecto Espacios Seguros, que busca mejorar las condiciones de habitabilidad de familias vulnerables.

A los 20 años, Marcelina Panqueva Flórez perdió su casa en medio de la violencia bipartidista en Málaga, Santander. Junto con su familia tuvo que abandonar su hogar y trasladarse a Bucaramanga con lo poco que pudieron llevar en unas maletas. Desde entonces, conseguir una vivienda propia se convirtió en uno de los grandes sueños de su vida.

Más de seis décadas después, cuando creyó haberlo conseguido, una avalancha ocurrida en 2010 destruyó la casa de madera que había levantado con sus familiares en el barrio Brisas de Provenza. La tragedia volvió a dejarla sin un lugar seguro y obligó a sus seis hijos a comenzar de nuevo.

“Nos quedamos con lo que teníamos puesto. Uno nunca se imagina esa situación. Perder todo y verlo correr río abajo”, recuerda Marta Janeth Martínez Panqueva, hija mayor de Marcelina.

Después de recibir un subsidio de arrendamiento durante tres meses, la familia regresó al mismo lote y construyó otra vivienda con tablas. Sin embargo, cada temporada de lluvias representaba una preocupación, pues temían que la estructura volviera a ser afectada.

La primera oportunidad de cambiar esa realidad llegó a través de la Fundación Mujer y Hogar y el proyecto Viviendas Saludables, iniciativa que cuenta con el acompañamiento de la Universidad de Santander (UDES), mediante el programa de Ingeniería Civil y la Vicerrectoría de Extensión. Marcelina recibió una vivienda prefabricada, cuya construcción también fue posible gracias a los esfuerzos de su familia y al apoyo de personas cercanas.

Con el paso de los años, no obstante, los materiales comenzaron a deteriorarse y aparecieron nuevas necesidades que la familia no podía atender económicamente. Fue entonces cuando la vivienda volvió a ser priorizada para una intervención.

Espacios Seguros: más que entregar una vivienda

Desde 2019, el programa de Ingeniería Civil de la UDES acompaña a la Fundación Mujer y Hogar en la construcción de casas prefabricadas para familias de Brisas de Provenza. A través de Viviendas Saludables se han levantado 14 viviendas, habitadas en promedio por cinco o seis personas.

Las visitas a la comunidad permitieron identificar que algunas de esas construcciones necesitaban mantenimiento y adecuaciones. De esa necesidad surgió Espacios Seguros, una iniciativa orientada a mejorar las condiciones físicas de las viviendas que ya habían sido entregadas.

Docentes y estudiantes diseñaron un instrumento para evaluar cinco componentes: cubiertas y techos, puertas y ventanas, instalaciones eléctricas, instalaciones hidrosanitarias y muros. Con esta herramienta analizaron 18 viviendas de distintos sectores y establecieron un índice de vulnerabilidad física para cada una.

La casa de Marcelina registró un nivel alto de vulnerabilidad, por lo que fue seleccionada para la primera intervención del proyecto. La Fundación Mujer y Hogar gestionó durante aproximadamente dos meses los recursos necesarios, con el respaldo de organizaciones y aliados como Coinversiones, mientras el programa de Ingeniería Civil definió el presupuesto y las obras.

Los trabajos incluyeron cambio de tejas, instalación de pisos en cerámica, puertas y ventanas, mejoramiento de las instalaciones hidrosanitarias, pintura de paredes y techos e impermeabilización de los módulos prefabricados. En las labores participaron estudiantes de Ingeniería Civil, quienes llevaron sus conocimientos académicos a un escenario de trabajo comunitario.

Una transformación para la vida cotidiana

El cambio también representó una mejora para Marta, quien está a cargo del cuidado de su madre. Marcelina sufrió una fractura de cadera que afectó su movilidad y, aunque logró volver a caminar, necesita acompañamiento para distintas actividades. Su hija organiza sus jornadas laborales para atenderla y permanece en la misma habitación durante las noches.

Las adecuaciones permitieron contar con espacios más organizados y condiciones más favorables para la vida diaria. A esto se sumó el apoyo de uno de los nietos de Marcelina, residente en Estados Unidos, quien contribuyó con camas, sala, comedor, nevera y cocina.

“Nunca soñábamos con tener una casa así”, expresa Marta, al recordar cómo las paredes sin pintar, los pisos y las antiguas puertas dieron paso a una vivienda renovada.

La iniciativa busca extender este trabajo a otras familias. Actualmente, la Fundación Mujer y Hogar acompaña a cerca de 35 hogares y se proyecta continuar con las evaluaciones técnicas, los mapas de vulnerabilidad y las adecuaciones, de acuerdo con las necesidades identificadas y los recursos disponibles.

Los estudiantes de octavo, noveno y décimo semestre también podrán participar en actividades de reconocimiento del terreno, replanteo, instalaciones hidrosanitarias y procesos constructivos.

A sus 86 años, Marcelina disfruta de una casa que ha cambiado por segunda vez gracias al acompañamiento institucional y la solidaridad. Su hija ahora sueña con arreglar la entrada y sembrar más flores para diciembre. Después de una vida marcada por las pérdidas y las mudanzas, la familia tiene nuevos motivos para permanecer en su hogar.