Consejos para el Concejo

Resumen

El texto cuestiona la violencia e irrespeto vistos en el Concejo de Bucaramanga y llama a recuperar el diálogo, la convivencia y el respeto como base de la democracia.

Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)
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Por: Rodrigo González Márquez*

El concejo municipal representa a la ciudadanía. Es una especie de espejo que refleja lo que culturamente somos, que, al romperse con el irrespeto y la desfachatez, nos muestra una imagen indecorosa y dolorosa de nosotros mismos. Las curules ocupadas en pomposas y ergonómicas sillas, albergan cada tanto a las personas que democráticamente el pueblo eligió. En dichas sesiones abunda el café, el agua, las aromáticas, y nunca falta una buena ración de comida, de un reconocido restaurante por supuesto. Todo un andamiaje que honra e intenta mantener la funcionalidad del diálogo como la piedra angular de la democracia, tal como planteaba el eterno Habermas, o como el espíritu de la Ekklesia Ateniense. Es preciso mantener la construcción conjunta desde las ideas; de esta forma, se demarca la frontera entre un Concejo y una “Arena” donde la brutalidad y la fuerza intentan imponerse. Lo acontecido recientemente rompe dicha frontera, y deja como obligada la reflexión que cada Bumangués debe hacerse sobre qué tanto nos representa, qué tanto reflejan nuestra cultura las 19 curules ocupadas, qué tanto honor se rinde a la palabra, qué tanto se asemeja el recinto de la democracia representativa a una “arena”.

Más allá de las fallas metodológicas que pudieron evitar la vergüenza televisada, existen serias rasgaduras morales y éticas en todos los protagonistas de la algarabía. Si bien existen herramientas a las que se pudo acudir (ignoradas de principio a fin), para poner orden y recuperar el honor que terminó en el séptimo infierno de Dante, es imperativo reflexionar, corregir y recuperar el gran propósito de la política: El bien común.

Revisar los videos de la ahora afamada sesión, puede dar una idea de lo que fue la construcción de la Torre de Babel. Un sinfín de insultos por incendiarios con ínfulas de héroes, gritos sin destinatario, hostigadores de nómina, todo un caldo de cultivo de la debacle y el despropósito; una “arena” en la que la brutalidad y la fuerza ganaron el pulso.

Es nuestro deber como ciudadanía recuperar el respeto, esa piedra angular de la democracia. Permitir la primacía del impulso violento y la vulgaridad da paso a las grietas que terminarán por derrumbar el edificio entero como lo narra el Génesis. La soberbia hace que termine en el suelo, o en el subsuelo, es una dinámica casi aritmética. Darle preponderancia al dialogo, a la convergencia de las ideas, a la escucha activa, a la cabida de lo distinto, demarcará nuevamente la frontera entre Concejo y “Arena”. Esta apuesta no solo recae en las 19 curules, es un deber mancomunado. La construcción de una cultura de convivencia y de paz comienza en casa, pasa por las instituciones educativas, por la oficina, por el parque, por el centro comercial, por la cancha de fútbol, por el bar o el café, por nuestra conciencia del compartir eterno con los demás. Solo así, el Concejo, la Asamblea, y el Congreso de la República, serán el reflejo de una sociedad que comprende el valor de la palabra, del respeto, de la convivencia a pesar de las mil y una diferencias que a diario confluyen. Solo así, el honor volverá a ser un adjetivo legítimo de nuestros cuerpos colegiados.

Memento Mori: Tal vez el culpable fue Pericles, quien con sus reformas le puso sueldo al derecho y deber del dialogo ciudadano.

 

* Exdefensor Regional para Santander y Magdalena Medio. Docente y Consultor en manejo de conflictos X: @rodrygonzalezma

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