De Corea a San Francisco
La Plaza de Mercado San Francisco conserva la memoria viva de Bucaramanga, con oficios, sabores e ისტორიas que la han convertido en un símbolo de abastecimiento y tradición.
La Plaza de Mercado San Francisco conserva la memoria viva de Bucaramanga, con oficios, sabores e ისტორიas que la han convertido en un símbolo de abastecimiento y tradición.
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El contexto histórico y los antecedentes serán generados a partir del archivo periodístico de El Frente.
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Por: Circulo de Amigos de Bucaramanga y Santander*
La memoria viva de una plaza que alimenta a Bucaramanga. La historia también se cuenta desde sus plazas y desde las historias de quienes, durante décadas, han trabajado en ellas. Entre las calles 12 y 13 y las carreras 22 y 23, en el tradicional barrio San Francisco, permanece la Plaza de Mercado San Francisco, un lugar donde todavía es posible recorrer, escuchar y saborear parte de la memoria de Bucaramanga.
A este espacio está dedicado el segundo episodio de la serie audiovisual Reportajes con la Historia, producido por la Academia de Historia Urbana y Socioeconómica de Bucaramanga y Santanderes. Bajo el título De Corea a San Francisco: La Plaza de Mercado, el documental reconstruye parte de la historia social, económica y cultural de este tradicional mercado y recoge las voces de algunos de sus protagonistas.
La historia se remonta a mediados del siglo XX. De acuerdo con las investigaciones de los historiadores Liliana Cortés Garzón y Armando Martínez Garnica, el 9 de diciembre de 1950 la municipalidad adquirió, por $70.000, un predio perteneciente a Bernardo Escandón y Simeón Navarro, con el propósito de atender las necesidades de abastecimiento de un sector que comenzaba a crecer hacia el nororiente de la meseta.
Antes de la inauguración de la nueva plaza, el 16 de agosto de 1955, buena parte del comercio se desarrollaba frente al templo parroquial, en un espacio conocido popularmente como la Plaza de los Pilinchos, donde los vendedores atendían bajo improvisadas carpas.
Con el traslado al nuevo lugar surgió otro nombre que quedó en la memoria de varias generaciones: la Plaza de Corea, denominación relacionada con el contexto internacional de aquellos años. Con el tiempo, el mercado terminó adoptando el nombre del barrio San Francisco y se convirtió en uno de los principales centros de abastecimiento de Bucaramanga.
Sus pasillos conservan saberes, oficios y costumbres transmitidos de generación en generación.
La carne de cabro y la pepitoria hacen parte de esa memoria gastronómica que permanece en manos de mujeres como María Teresa Gómez. En otros puestos todavía se encuentran productos y objetos que evocan antiguas formas de vida: jabón de tierra, totumas y escobas artesanales elaboradas con paja de raíz.
Para el líder comunitario José Hilario Padilla Serrano, la plaza es un verdadero mosaico de identidades. Allí confluyen campesinos, familias tradicionales, migrantes y trabajadores procedentes de diferentes regiones del país. Es también un punto de encuentro entre el campo y la ciudad, donde los productos de Santander llegan directamente a la mesa de los bumangueses.
Durante los años 2000 surgió el periódico El Canasto, mientras la emisora San Francisco Stéreo se convirtió en otra de las voces de la comunidad. Desde hace 17 años, Javier González ha estado al frente de esta iniciativa, manteniendo una presencia cotidiana entre comerciantes, compradores y habitantes del sector.
En los últimos años, la plaza también ha enfrentado importantes desafíos de infraestructura. Las acciones populares permitieron avanzar en la renovación de sus cubiertas, culminada en 2024, mejorando las condiciones para comerciantes y visitantes.
Hoy, mientras la ciudad cambia y aparecen nuevas formas de comprar y abastecerse, comerciantes como Andrés Navarro Villalba defienden la vigencia de un modelo basado en la cercanía y en la relación directa entre vendedor y comprador.
La Plaza San Francisco es un espacio donde permanecen las voces, los sabores, los oficios y las historias de varias generaciones de bumangueses.
De Corea a San Francisco, la plaza continúa alimentando a Bucaramanga y, al mismo tiempo, conserva una parte de la memoria popular de la ciudad.
*Diego Sáenz Reyes