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De la anécdota al símbolo, la lectura que no vieron

La posesión de Abelardo de la Espriella en Cali buscó simbolizar descentralización del poder y cercanía con las regiones.

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Hoy quiero aprovechar este espacio para interpretar la posesión presidencial de Abelardo de la Espriella, porque las posesiones también se analizan y en política los signos hablan.

Comencemos por el inicio, aunque en mi columna anterior critiqué de alguna manera, o mejor, expuse mi posición ante el lugar dónde se iba a realizar la ceremonia, creo que hoy debemos interpretar el por qué se realizó allí. Cali, el Valle del Cauca y en general el Suroccidente colombiano ha sido históricamente una región marcada por la violencia, y esto tiene una explicación sencilla, el control del territorio cercano a la costa del pacífico por dónde sale la droga. Por primera vez, todo el centro del poder concentrado en Bogotá salió a una región vulnerable al terrorismo que la acecha para una ceremonia de esta investidura como lo es una posesión presidencial.

El congreso sesionó desde la Arena USC de la Universidad Santiago de Cali para que el nuevo presidente Abelardo de la Espriella tomara posesión de su cargo. Cali estuvo ante los ojos del mundo y fue visitada por personalidades internacionales que asistieron a la ceremonia. Esto nos indica que Colombia no sólo se gobierna en la Capital, sino que se puede presidir desde los territorios que es dónde en realidad se construye la patria.

Para los que hablan de impuntualidad, yo tengo mi opinión, hagamos claridad en que la posesión presidencial se realiza en una sesión del congreso en pleno, pero esta tiene un orden definido y comienza por llamar a lista a los congresistas para poder para verificar el quórum constitucional y legal, es decir, confirmar que hay el número mínimo de congresistas requerido.

El nuevo presidente hizo su juramento y tomó posesión de su cargo ante el Congreso de la República. La verificación de la asistencia de los parlamentarios comenzó pasada las 3 de la tarde, la hora citada. El nuevo presidente sólo es un invitado a la sesión, y es una delegación de congresistas los que salen del recinto a recibirlo e invitarlo a entrar, y todo transcurrió durante los tiempos previstos.

Una vez dentro, hablemos de la toma de posesión y juramento. El nuevo mandatario de los colombianos ante el Presidente del Congreso juró a Dios y prometió cumplir fielmente los mandatos de nuestra constitución, como se establece para tomar posesión del cargo al que fue elegido.

Pero hay algo que no puedo dejar por alto, a su lado estuvo Don Luis Felipe Yagüé, un vendedor de panela del Caquetá, que fue discriminado por haber votado por Abelardo. Se preguntarán muchos por qué un ciudadano humilde, del común, es quien acompaña al nuevo mandatario. Esto tiene un significado, Abelardo de la Espriella toma posesión como presidente de los colombianos y el pueblo que regirá es el que lo acompaña, representado en Don Luis Felipe.

Pasado el juramento, la ceremonia tuvo otro momento importante, poner a Dios en el centro de todo y se realiza oración para encomendar a Dios el nuevo mandato presidencial de Abelardo de la Espriella.

Muchos criticaron este momento, argumentando que se violó la constitución que establece que Colombia es un Estado laico, pero analicemos este punto, precisamente respetando el Estado laical colombiano se realizó oración liderada por el Pastor evangélico Eduardo Cañas, intervención judía por el Rabino David Michaan, y oración católica por el capellán de la Presidencia Álvaro Duarte Torres y Monseñor Francisco Javier Múnera de la Conferencia Episcopal. Entonces, a mi parecer, se respetó el Estado secular, dando espacio a oraciones lideradas por diversos líderes de diferentes religiones.

Una vez pasado esto, Abelardo se dirige por primera vez a los colombianos como Presidente de la República, desde la Guarnición Militar Pichincha. Y vuelve y juega la crítica, muchos en sus opiniones han deliberado que el nuevo mandatario “no se posesionó” en el lugar aprobado para la ceremonia.

Pero esto no es tan así, Abelardo de la Espriella si se posesionó ante el Congreso y en el lugar definido, solamente que su posterior discurso al juramento lo ofreció desde el batallón Pichincha para dar paso luego al saludo a las tropas.

Esto también tiene sentido, el nuevo presidente, recién posesionado, se convirtió en el líder supremo de nuestra Fuerza Pública y Abelardo con esto también le estaba dando a las Fuerzas Militares la importancia que esto implica.

En conclusión, más allá de las polémicas, los reparos y las lecturas apresuradas, esta posesión dejó mensajes políticos claros: descentralización del poder, cercanía con las regiones, reconocimiento al ciudadano de a pie, reivindicación de la Fuerza Pública y una apuesta simbólica por la fe como parte de la vida pública, sin desconocer la pluralidad religiosa del país.

En política, los gestos nunca son inocentes, y lo ocurrido en Cali demuestra que cada escenario, cada presencia y cada palabra fueron pensados para comunicar una idea de gobierno.

Podrán no compartirse todas las formas, pero sí resulta innegable que Abelardo de la Espriella quiso presentarse desde el primer día como un presidente que busca hablarle a la nación entera, no sólo a Bogotá ni a las élites. Y si algo debe dejar esta jornada, es la invitación a mirar más allá de la anécdota para entender el fondo: el poder no sólo se ejerce, también se simboliza.