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Desencanto cafetero

El artículo advierte un panorama crítico para la caficultura en 2026 por la caída del dólar, menores precios internacionales, alta oferta de Brasil y mayores costos de producción.

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Por: Ricaurte Becerra Parra.

Pensamiento Campesino. En los últimos años Santander ha estado viviendo desarrollos significativos en torno al cultivo del café, con grandes incrementos en número de productores, áreas sembradas, y por consiguiente, volúmenes de producción. Curiosamente, los municipios que antes se dedicaban al cultivo y procesamiento artesanal del fique con precarias economías de subsistencia, ahora es el café su principal fuente de ingreso, mejorando notoriamente sus condiciones de vida y de trabajo. Dentro de este escenario la Cooperativa de Caficultores de Santander, ha alcanzado crecimientos significativos en su base social, fortalecimiento de su patrimonio, radio de acción y mejoramiento de sus servicios.

Simultáneamente, al auge cafetero también ha llegado una fuerte competencia de los compradores privados; hasta tal punto de demostrar que la garantía de compra ya no depende exclusivamente de la Federación y su red de cooperativas, sino de la misma dinámica del mercado. Es fácil concluir que detrás de esta competencia se esconde el interés por obtener un grano de alta calidad que está alcanzando grandes reconocimientos en el mercado internacional y es necesario posicionarlo como un producto bandera con certificado de origen.

Aunque los precios del café dependen principalmente de factores externos, el año pasado (2025) fue altamente positivo. Al coincidir un elevado valor del dólar, una mayor cotización en la bolsa, un clima favorable y por consiguiente una cosecha abundante. Este panorama se complementó con una baja oferta en los mercados internacionales, ocasionado principalmente por problemas climáticos. Tristemente cuando a otros países les va mal, a los colombianos nos va bien.

 Para el año 2026, los mismos factores han sido contrarios y adversos: la caída del dólar, la baja cotización en la bolsa, la disminución de la productividad y la abundante cosecha de Brasil que dispara la oferta. Este escenario también se complementa con los altos costos laborales por elevado incremento del salario mínimo y los precios de los fertilizantes. Como algo nuevo para este año muchas áreas del país se están viendo afectadas drásticamente por el fenómeno del super niño. Por estas razones podemos afirmar que estamos ante un triste y trágico panorama para miles de familias campesinas que sin duda veremos afectados seriamente nuestros ingresos y aunque la totalidad de la cosecha no ha sido recolectada, es fácil concluir que en algunas regiones en donde las lluvias fueron más escasas, la economía de innumerables familias campesinas está siendo amenazada.

Recientemente, la Federación de Cafeteros, ha anunciado una reclasificación de las pasillas, esta medida no es suficiente, debido a la magnitud de la crisis; por lo tanto, la Federación debe liderar una política de choque, convocando a la solidaridad nacional, pues no solo asoma una crisis cafetera sino una alarmante disminución de la oferta de alimentos básicos, una alza en los precios de la canasta familiar, un desabastecimiento de los mercados y posiblemente un proceso inflacionario que sin duda afectará la economía de los más pobres; pero el efecto más negativo podrá ser la desmotivación de nuestros labriegos para continuar produciendo alimentos.