El audífono
Resumen
Lácides Puertas propone un “audífono de la paz” para transformar insultos y ruido en palabras amables y armoniosas.
Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)
Según la prensa internacional, en el Centro de Estudios Científicos y Patentes se presentó una supuesta disputa entre las alucinaciones del poeta Lácides Puertas, los científicos de la institución y el vigilante. Decía un comunicado de prensa que el centro de estudios se sintió amenazado ante la presencia de un hombre visiblemente agotado y alucinante, que llegó desvelado por uno de sus absurdos inventos. El vigilante que lo enfrentó pidió mantener su identidad bajo reserva, y expresó a la prensa que los científicos del centro se sienten amenazados ante el hombre por la perfecta combinación de sus brillantes ideas, alucinaciones y la dolorosa realidad que inserta en sus proyectos. Es una locura extraña, ¡tiene lógica!
El poeta llevó al centro de estudios el «audífono de la paz» con el propósito de perfeccionarlo con frecuencias sonoras (solfeggio) para sordos, los que se hacen y los que solo escuchan lo que les conviene; que este dispositivo convierta los ruidosos insultos, las mentiras, los chismes y la difamación en sonidos armónicos, amables y hasta cariñosos. Para Lácides, sería un éxito si se añadiera al audífono las voces de las bonitas personas que cruzaron la raya de la vida y que quisiéramos volver a escuchar con sus consejos, y el amor de sus palabras para armonizar los ánimos durante la impotencia y la ira, la que tanto nos cuesta detener cuando se trata de injusticia. Añadió que ojalá el audífono tuviera el poder para convertir los gritos del soberbio en melodiosas palabras y con decibeles exactos para ser escuchados por la paz del alma.
El problema que enfrentaba Lácides en ese momento es que había olvidado que desde el día anterior los estaba usando. El vigilante involucrado recalcó que algo extraño sucedía en el personaje, quien respondía a las agresiones de la gente con actitudes amables, cariñosas y hasta gratas. Por eso trataron a Lácides como si estuviese alucinando, porque nadie entendía que su invento estaba en la cúspide del éxito, de la paz y de las comunicaciones. ¡Funcionó!
—¡Por Dios! —dijo Lácides—. Estos innovadores audífonos serían la mejor opción para escuchar a los candidatos en las plazas públicas refiriéndose a sus rivales en las campañas.
Dice el poeta en una de sus célebres frases: «Lo posible estaba a la distancia del esfuerzo, pero lo imposible lo mantendría más ocupado en alcanzarlo». Por estas frases lo consideran un soñador de absurdos imposibles, de loco; ha sido criticado por quienes no tienen más argumentos que la soberbia para enfrentar la perfección de sus alucinaciones. A veces, la maldad de la gente confunde y enaltece a quien escucha por la interpretación del alma… Los audífonos de la paz permitirían elegir la forma de escuchar las tonterías de los demás en palabras afectuosas, sin ruidos y, sobre todo, bloquearían la maldad de las ofensas convirtiéndolas en atractivos sonidos melodiosos.
Lácides escuchó de nuevo en su alma la voz que le dio la vida; sonrió y abandonó el centro de estudios. Al vigilante que lo detuvo le agradeció y le dijo: «… igualmente»; lo abrazó y se despidió.