El país que no puede esperar
Resumen
Colombia crece 2,2% con inversión baja, sectores productivos en caída e inflación alta, lo que deja al próximo gobierno frente a un panorama frágil.
Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)
Por: Felipe Rodríguez Espinel
Hace apenas unos días, el DANE confirmó lo que muchos ya intuían, la economía colombiana creció apenas 2,2% en el primer trimestre de 2026. Un número que, a primera vista, puede parecer neutro, incluso decoroso. Pero que, leído con atención, revela un país que avanza a trompicones, sostenido por el gasto del Estado mientras sus motores productivos se apagan uno a uno.
La construcción cayó 5,4%. La agricultura retrocedió 1,4%. La minería, otro 0,1%. Tres sectores que durante décadas fueron columna vertebral de la economía, hoy se encuentran en terreno negativo. Mientras tanto, el 41% del crecimiento lo explica la administración pública, la educación y la salud, es decir, el propio Estado gastando a un ritmo de 7,8%. Lo que en el papel parece dinamismo, en el fondo es una economía que camina con muletas fiscales.
Esto no es un juicio político al gobierno saliente. Es una descripción del estado en que llegará el país a quien gane la Presidencia en mayo. Y lo que sigue es un llamado directo, sin rodeos, a cada uno de los candidatos que hoy piden el voto de los colombianos. No basta con prometer empleo, equidad o seguridad. ¿cómo van a crecer? Porque sin crecimiento, todo lo demás es retórica.
La inversión apenas alcanza el 17% del PIB, el registro más bajo en décadas. La formación bruta de capital ese indicador que mide si el país está construyendo su futuro cayó 3% en el primer trimestre. Y sin inversión privada que reemplace el impulso del gasto público, el crecimiento no tiene piso firme. A esto se suma una inflación que cerró marzo en 5,6%, casi el doble de la meta del Banco de la República. Una tasa de interés de política monetaria en 11,25%, que encarece el crédito y enfría la inversión. Y una deuda pública que se financia con TES al 14%, una factura que el próximo gobierno tendrá que pagar sin poder esquivarla.
El contexto internacional no ayuda, tensiones geopolíticas, volatilidad energética, una política arancelaria de Estados Unidos que sigue generando incertidumbre. Colombia no navega en aguas tranquilas, y quien llegue a la Casa de Nariño el 7 de agosto necesitará algo más que buenas intenciones. Necesitará un plan. Uno real. Con sectores prioritarios, con metas de inversión, con señales claras para los mercados y para los empresarios que hoy dudan si apostar o no por este país.
Colombia fue, hace no tanto, una de las economías más prometedoras de la región. Hoy, es percibida como una de las de mayor riesgo e incertidumbre. Recuperar ese lugar no ocurrirá de manera espontánea. Requiere decisión política, coherencia y un liderazgo dispuesto a priorizar el crecimiento como condición para todo lo demás, el empleo digno, la reducción de la pobreza, la paz.
Los colombianos votaremos en días. Merecemos saber, antes de marcar el tarjetón, qué propone cada candidato para que este país deje de crecer a medias y empiece a crecer en serio.