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El pacto de los “ciber-cacaos”

La IA exige autorregulación y control para evitar riesgos globales, antes de que la competencia tecnológica se vuelva incontrolable.

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Por: Jorge Echeverri

Recientemente publicamos nuestra columna con el título “La IA: ¿Irrevocable Apocalipsis?”, comentando sobre la gravedad del tema de la falta de controles de dicho fenómeno de ciber-tecnología, que ponía en riesgo a la humanidad entera. Al leerla, inmediatamente, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, convocó en la Casa Blanca a los grandes “ciber-cacaos”, tales como Sundar Pichai, de Google; Dario Amodei, de Anthropic; Mark Zuckerberg, de Meta; Greg Brockman, Presidente de Open AI; Elon Musk, de xAI; Jens, en Huang, de Nvidia y fue invitado especial el señor Jeff Bezos, director ejecutivo de Microsoft, es decir, la crema y nata de la inteligencia artificial.

En dicho evento, el convocante invitó a los participantes a elaborar “una especie de Constitución” sobre un compromiso voluntario de autorregulación para las empresas que desarrollan modelos, en lo que llegó a calificar el acuerdo como “moralmente vinculante” para las partes involucradas, pero en realidad todo parece ser como un pacto de no agresión, de autocontrol y de control mutuo para que los supermodelos cibernéticos “no se salgan de madre” y no pongan en riesgo al mundo.

Este episodio nos trae a la mente el recuerdo de aquella doctrina militar de la “guerra fría” en vigencia desde los años 50s hasta los 90s, cuando nos vimos metidos dentro de un mundo bipolar, en el que el bloque occidental, capitalista, liderado por Estados Unidos y el bloque oriental, comunista, liderado por la URSS, se mostraban los dientes forrados de oro con incrustaciones de ojivas nucleares, con carrera espacial activa, y se sentía la presencia como de una par de leviatanes que reinaban sobre el firmamento, se temían mutuamente, y la cosa se calmó cuando se cayó la muralla de Berlín y el comunismo se hizo trizas, en 1989.

Entonces nos salvamos de una guerra militar gracias al advenimiento de lo que se llamó la MAD, sigla en inglés para Mutually Assured Destruction (destrucción mutua asegurada), lo que vino a convertirse en el mejor efecto de disuasión, toda vez que en una eventual confrontación nuclear no quedaría ni el tendido del gato -sólo sobrevivirían las repugnantes cucarachas- y la especie humana podría desaparecer de veras, antes de que los terremotos y los fenómenos del niño y la niña desbocados asumieran el apocalíptico encargo.

Thomas Hobbes, el filósofo inglés, llegó a referirse al Leviatán, pintado como ese Estado absolutista y poderoso que impone el orden, la ley y la seguridad mediante un pacto social… difícil comparación, pero quizás este señor hablador y encopetado, llamado Donald Trump, en medio de sus delirios esté apuntando, precisamente, a facilitar la celebración de ese “pacto de ciber-cacaos” para que, en vez de una destrucción mutua asegurada, decidan ponerse de acuerdo en bajar los sumos e ímpetus comerciales y tecnológicos y escuchen a Robert Prevost, el Papa, al pedir que la IA se sustraiga de la lógica de la competencia armamentística y se llene de corazón y de humanidad. Control, control, es lo que se pide ahora, a gritos, antes de que sea demasiado tarde.

 

Post- it. Formidable este “Tigre peregrino” que tenemos ahora, que en su accionar pareciere tener el don de la ubicuidad, marca territorio en cada pedazo de Colombia, haciendo cosas, poniendo orden, con una capacidad de trabajo que parece superar la del presidente Uribe, que había dejado la vara muy alta. Ojalá los señores Petro y Cepeda tomen nota de cómo se gobierna un país, honestamente, sin mentiras, sin falsas promesas, sin populismo barato.