ir al contenido

El pentagrama del barlovento Por: Claudio Valdivieso

‼️ Envianos tu denuncia o noticia
Versión Beta Reportar error

Resumen

Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)
Espacio Publicitario
+ Google Noticias
+ Canal WhatsApp

Laura todas las noches después de cenar y repasar las tareas escolares, se dirigía al viejo ventanal de madera verde y varillas corroídas por la insistencia de la intemperie en el tiempo.

Su ventana está empotrada en la pared de tapia a unos metros del portón de su casa, sobre una polvorienta carretera que conduce al parque principal del pueblo. Cien metros a la derecha se encuentra el desvío que sube por el barlovento de una montaña y baja la quebrada que lindera con los linderos del traspatio.

Laura tiene tan sólo dos meses para los preparativos de su fiesta de quince años, y sueña bailar el vals con el extraño grupo musical que todas las noches ventila melodías románticas en su ventana. La niña desconoce la procedencia del musical viento que se desliza sobre su cabello castaño, y refresca los ojos miel de su rostro angelical con el que escucha el violín, una guitarra, el saxofón y un tambor.

La brisa sonora de su ventana tarda cinco minutos, tiempo suficiente para Laura cerrar sus ojos y dedicarse a soñar con el vals de su fiesta antes de dormir.

La niña contó al vecindario sobre las brisas musicales que ingresaban a sus oídos por la ventana, e indagó por los músicos. Entonces, la consideraron loca. Tanto se burlaron de Laura, qué sus padres angustiados por enfrentarse ante una enfermedad mental de su pequeña, fue hospitalizada contra sus argumentos, voluntad y lucidez. El viento sonoro emprendió su visita al sanatorio como de costumbre a las 8pm.

Varios días después de su reclusión, Laura recibió la visita de su amiga inseparable, quien le regaló un destartalado saxofón encontrado en una tienda de antigüedades en la capital. Los médicos, enfermeras, y chismosos, quedaron atónitos al oír la destreza de Laura cuando interpretó el Danubio Azul. ¡Los papeles si invirtieron! Ahora enloquecieron quienes la señalaron, pues Laura jamás tuvo hasta ese día, a su alcance, un saxofón.

El sanatorio se congestionó por la romería de curiosos, incrédulos y chismosos, que terminó por convertirse en anfitriona de la filarmónica e importantes personalidades de la región, quienes optaron condecorarla con la “Batuta de oro” por sus magistrales interpretaciones con el saxofón.

Resultó, qué sobre las laderas del barlovento a veinte kilómetros de su casa, esparcidos en una pequeña cordillera viven cuatro jóvenes campesinos de una academia musical. Casualmente, a las ocho de la noche, justo cuando cada uno practica con su instrumento el violín, la guitarra, el saxofón y un tambor, la brisa atrapa las notas musicales y las ordena en un mágico pentagrama exclusivamente para los oídos de Laura.

Días después, cuando Laura ya estaba en casa preparada para recibir a los invitados de su fiesta, llegaron los alumnos de la academia quienes ignoraban todo lo sucedido. El viento de la cordillera les entregó el mensaje con instrucciones precisas, junto al repertorio de los temas predilectos de Laura para su celebración de quince años.

Esa misma noche, un ventarrón descomunal derribó el sanatorio y mientras caía el tejado, los escombros compusieron una impresionante pieza musical elegida por unanimidad como el himno del pueblo.

Más reciente