Suscribirse Iniciar sesión
Portada / Opinión/ El triste realismo mágico del Chocó
Opinión

El triste realismo mágico del Chocó

El Chocó combina riqueza natural y cultural con abandono estatal, baja conectividad e infraestructura precaria que agravan su vulnerabilidad.

Únete a nuestro canal de WhatsApp Recibe lo más importante de El Frente al instante
Resumen con IA

El Chocó combina riqueza natural y cultural con abandono estatal, baja conectividad e infraestructura precaria que agravan su vulnerabilidad.

Próximamente

Los puntos clave serán generados automáticamente por IA y revisados por la redacción de El Frente.

Próximamente

El contexto histórico y los antecedentes serán generados a partir del archivo periodístico de El Frente.

Generado con IA · puede contener errores, verifícalo antes de compartir.
Línea del tiempo · IA
····

··········

····

········

Generado con IA · puede contener errores, verifícalo antes de compartir.

Por: Jaime Leal Afanador*

Chocó es una mezcla de paradojas, riquezas ocultas y desatención estatal. Tuvieron que pasar días para que Colombia conociera los detalles de la tragedia vivida por Quibdó y los 31 municipios del departamento del Chocó tras el catastrófico terremoto de agosto de 2026.

La afectación que sufrió el aeropuerto de Quibdó, único con una pista para aeronaves de mayor tamaño; una amplia selva tropical, con muy pocas planicies, y muchos ríos la convierten en una región con un acceso muy complejo. Y si a esto se suma una ya crónica desatención estatal reflejada en ausencia de inversión estructural en vías de acceso, servicios públicos y medios de producción, el Chocó es esa otra Colombia de la que el nivel central poco o nada conoce.

Paradójicamente, aunque este departamento tiene una inmejorable posición geográfica (es un “puente” entre tres de las regiones más prósperas del país -Antioquia, Risaralda y Valle del Cauca-; es el único departamento con costas en los dos océanos que bañan el país, y es frontera con Panamá) su comunicación es casi inexistente. Con un limitado tráfico aéreo, costoso e inaccesible para la mayoría de sus 500 mil habitantes, las trochas y la navegación fluvial por ríos como el Atrato, Baudó y San Juan no son lo suficientemente seguras para movilizar pasajeros y mercancías, además de generar desplazamientos que a veces toman días entre los municipios vecinos cercanos. El Chocó es la región más lluviosa del planeta.

Es como si el tiempo y la mirada del Estado hacia el Chocó se hubiera congelado, desde su propio nacimiento como zona administrativa en 1947. En esta región, que ocupa el 4 % del territorio nacional, solo vive uno de cada 100 colombianos, y como consecuencia de la inercia histórica, detrás de la desidia para tender carreteras y vías de comunicación, llegó el olvido nacional, expresado en pocas escuelas, centros de salud, mínima conectividad y servicios públicos poco dignos y baja calidad.

Aunque en la región hay muy pocas edificaciones altas, el terremoto ocasionó innumerables desastres. La falta de planeación, la violencia de grupos armados, la ausencia de industria e inversión privada, y hasta corrupción administrativa tristemente han desmotivado la consolidación de una infraestructura sólida y resistente a fenómenos como los sismos. No en vano, tanto Quibdó como los municipios como Istmina, Condoto, Acandí, Capurganá, Sapzurro y Bahía Solano, entre otros, que apenas sobreviven con un limitado turismo ecológico, registran uno de los índices de desarrollo humano (IDH) más bajos del país; es decir, mínimas condiciones de salud (malaria, diarrea, desnutrición… y escasos centros de salud y personal médico), y educación (resultados entre los últimos del país) y nivel de vida de baja calidad (la capital Quibdó, por ejemplo, carece de agua potable).   

Lo triste es comprobar cómo se dan estas condiciones económicas y sociales, pese a contar con un enorme potencial natural, turístico y minero. Es una de las zonas, no sólo de Colombia sino también de América Latina, con los mayores yacimientos de oro, así como de plata, platino y cobre. Y sus intensas lluvias y enorme biodiversidad la pueden convertir en una región rica en nuevas fuentes de recursos.

Incluso, para una región tan joven con respecto a las demás, el Chocó ha aportado talentos artísticos, deportivos y culturales, como Jairo Varela, creador del Grupo Niche; Caterine Ibargüen, atleta olímpica; ChocQuibTown, grupo musical; y Luis Ángel Arango, economista; entre otros.

Otra paradoja que, posiblemente hubiera cambiado el destino del Chocó. La historia cuenta que, como si fuera un hijo sin padres, en el gobierno de Gustavo Rojas Pinilla, a mediados del siglo XX, se llegó a proponer que esa región se repartiera entre Antioquia, Caldas y Valle (Risaralda no había nacido), y que en una actuación fundada en la dignidad y en el respeto de comunidades mayoritariamente afrocolombianas (cerca del 85 %, versus menos del 10 % en todo el país), un periodista del diario El Espectador (nada más y nada menos que Gabriel García Márquez) ayudó a despertar el orgullo y a alborotar a la población para impedirlo. Posiblemente otra sería la novela y realidad actual de esa región si el realismo mágico no hubiera actuado.

*Rector UNAD