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En defensa de la fe

La presencia de líderes religiosos en la posesión presidencial no vulneró la neutralidad estatal, según el artículo, porque Colombia garantiza la libertad de cultos.

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La presencia de líderes religiosos en la posesión presidencial no vulneró la neutralidad estatal, según el artículo, porque Colombia garantiza la libertad de cultos.

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Por estos días se cacarea mucho el hecho de que en la posesión del nuevo presidente haya intervenido un rabino, un pastor evangélico y un sacerdote católico. La participación de estos tres líderes religiosos suscitó debate, particularmente, por parte de quienes pregonan tres conceptos, a saber, Colombia estado laico, Colombia estado aconfesional y el principio de neutralidad religiosa del Estado colombiano. Al respecto, vale la pena realizar algunas precisiones. La Constitución de 1886 oficializó en la nación, la religión Católica Apostólica y Romana; con la reforma constitucional de 1936, el Catolicismo dejó de ser la religión oficial; Colombia pasaría a ser un Estado aconfesional mas no sus ciudadanos. La misma carta en su Artículo 39, contemplaba las libertades de opinión religiosa y de conciencia. Una gran constitución.

El Constituyente de 1991, en el Artículo 19 de la Carta vigente, consignó la garantía de la libertad de cultos, la libre profesión de religión, su difusión e igualdad de todas las confesiones religiosas e iglesias ante la ley. Mandato de buen recibo, en cuya virtud, durante la reciente posesión del nuevo presidente de la República, en ejercicio de esa misma libertad de cultos, justamente fueron incluidas en la agenda, palabras de religiosos de tradiciones judeocristianas que, constituyen la esencia de los valores mayoritarios de la nación colombiana.

En gracia de discusión, resulta lapidario y contundente afirmar: a) Colombia es un estado aconfesional, b) Carece de religión oficial y, c) Sus habitantes gozan de libertad para profesar libremente el credo de su fe. Lo que, en teoría, hace de Colombia un Estado laico. El laicismo corresponde a una característica en el devenir del Estado, donde la religión juega un papel segundario, por ende, no es la religión la que dictamina el actuar del Estado. A diferencia de lo que ocurre en los estados teocráticos, donde el libro de la fe religiosa hace las veces o inspira la constitución política.

De otro lado, la neutralidad religiosa del Estado es un principio constitucional relativamente nuevo, desarrollo de la jurisprudencia del precitado artículo 19 de la Carta Política; en virtud del cual, se prohíbe a los servidores públicos en ejercicio de sus funciones y a las entidades públicas promover, patrocinar, apoyar o difundir cualquier credo religioso en detrimento de la libertad religiosa.

Yerran de cabo a rabo quienes consideran que la invocación hecha a Di-s el pasado 07 de agosto, configuró una violación al principio de neutralidad religiosa estatal. La población colombiana por herencia republicana bebe de la tradición judeocristiana, crisol de la colombianidad; traída durante el proceso de conquista y posterior colonización de la América lusoespañola. Se estima que, cerca del 23% de la población latinoamericana tiene genes judíos sefaradíes en atención, a la migración que hubo durante los Siglos XV, XVI y XVII provocada por la expulsión de los judíos del reino de España, lo que motivó que, muchos como acto de sobrevivencia, abrazarán de dientes para fuera la fe católica.

Otrosí, en ningún momento, durante el acto de asunción presidencial hubo promoción, patrocinio o difusión de fe alguna en desmedro de la libertad religiosa. Sí ocurrió la aplicación del Preámbulo y del Artículo 19 constitucional, mediante un acto incluyente que reconoció la libertad de cultos al invocar a Di-s, bendecir al País y al nuevo Gobierno, luego de un cuatrienio de un lóbrego mandato.

Sólo queda, defender la fe, el derecho natural y agradecer a Di-s por su misericordia. Con el asolador terremoto de los últimos días, la hecatombe hubiese podido ser mayor. El Eterno se apiadó de Colombia. El nuevo Gobierno obró correctamente al invitar a orar por el País. Colombia debería tener un día nacional de rezo interdenominacional. No es con ejércitos, ni con fuerza, sino con su Espíritu.