Hipopótamos, herencia maldita
Resumen
Los hipopótamos introducidos ilegalmente por Pablo Escobar en Hacienda Nápoles se multiplicaron sin control y hoy son una especie invasora que afecta ecosistemas y comunidades.
Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)
La Hacienda Nápoles en Puerto Triunfo -Antioquia-, que fuera propiedad del narcotraficante y político Pablo Escobar Gaviria en la década del 80, dado de baja por el Bloque de Búsqueda de la policía colombiana el 2 de diciembre de 1993, pasó a manos del Estado mediante un proceso de extinción de dominio y hoy figura como el Parque Temático Hacienda Nápoles entregada en concesión a una empresa privada. En este santuario privado de lujo construido por Escobar, había toda clase de animales exóticos convirtiéndola prácticamente en un zoológico que generó para el Estado una gran inversión para su mantenimiento.
Jorge E. Solis - Columnista/EL FRENTE
La hacienda, que en la actualidad tiene un valor cercano a los 60 millones de dólares, contaba con toda clase de lujos, tenía una plaza de toros y una cantidad apreciable de animales como camellos, cebras, jirafas, canguros, grullas, flamencos, caballos, avestruces, hipopótamos, rinocerontes, elefantes, entre otros. Dentro de estas especies Pablo Escobar trajo 4 hipopótamos – 1 macho y 3 hembras- de manera ilegal de un zoológico de Estados Unidos, los cuales se convirtieron con el tiempo en una herencia maldita, por toda la problemática y repercusiones que hoy se cierne a través de ellos.
Se calcula a la fecha que hay más de 200 hipopótamos que viven libres en el Magdalena Medio, luego de que se multiplicaran de manera descontrolada desde los años 80. Esta situación ha hecho que sean considerados como una especie invasora que genera inseguridad y un impacto ambiental que afecta los ecosistemas nativos del río Magdalena y otras especies locales con la afectación de comunidades humanas. Debido al fracaso de esterilización, el Ministerio de Ambiente autorizó la eutanasia química o física de 80 de ellos a fin de detener su expansión, recibiendo las protestas airadas de instituciones animalistas.
No se han encontrado respuestas favorables al llamado del gobierno a diversos países y zoológicos para que reciban algunos de ellos, además de los elevados costos de transporte, por lo que se optó por seguir con la eutanasia, destinando $7.200 millones de pesos para este fin, calculando un costo de $50 millones de pesos de cada individuo sin incluir el entierro del cuerpo. La expectativa es que la población pueda reducirse en 33 cada año, haciéndola con un protocolo técnico procurando que sea “ética, segura y responsable”.
Más allá de las críticas de ambientalistas y animalistas, como el caso de la recién reelecta senadora animalista Andrea Padilla que calificó la medida como “facilista y cruel”, se tienen en cuenta otros factores como ser la única especie que vive de forma silvestre fuera de África, sin tener depredadores para un control natural.
Según el Instituto Humboldt, este megaherbívoro, devora la flora nativa de manera masiva, con encuentros peligrosos de pescadores y niños. Se han intentado diferentes estrategias para dar salida al problema sin encontrar solución, por lo que se ha optado por esta medida.