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¿In-feliz de qué?

La desigualdad en el hogar persiste: las mujeres siguen asumiendo más trabajo doméstico y carga mental, incluso cuando también aportan ingresos.

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Por: Maura Samara Suárez

Constantemente escucho a hombres hacer chistes sobre cómo, antes de estar casados, "la vida era mejor", o que "se cansaron de ser felices". Esto es algo que siempre me ha conflictuado muchísimo y que nunca había contestado, pero hoy un estudio reciente me da los argumentos para responderlo. Es un hecho que, desde los años 80, las mujeres han comenzado a tener más horas de trabajo y sus horas de trabajo doméstico han bajado gracias a la tecnología del hogar (lavadoras, aspiradoras eléctricas), pero durante este tiempo las horas de trabajo doméstico de los hombres se han mantenido, no han bajado ni aumentado para compensar. ¿Qué significa esto? Que los hombres, desde los 80, han hecho el mismo trabajo doméstico aun cuando en la actualidad la mujer también trabaja.

El trabajo doméstico actual es igual entre las mujeres que ganan menos que sus maridos y las que ganan más, la diferencia es mínima y, en ambos casos, sigue siendo superior a la de los hombres. Por esta razón, los autores construyen un modelo para revisar si esto se debe a que las mujeres son mejores o más eficientes haciendo trabajo doméstico. El modelo llega a la conclusión de que las tareas deberían repartirse de acuerdo con el costo de oportunidad: si él gana menos que ella, debería hacer más en casa porque su tiempo "vale menos" afuera. Lo cierto es que los datos muestran que, por parte de los hombres, hay poca respuesta a la relación de ingresos de las mujeres, no importa cuánto gane ella. Además, encontraron que en parejas del mismo sexo las tareas se dividen según quién gana más, no según el género, lo que descarta que las mujeres sean las más "eficientes", porque los hombres homosexuales reparten el trabajo doméstico de esa misma forma.

Entonces, realmente, no es habilidad, es una imposición a las mujeres que se encuentran en relaciones con hombres. Cuando el reparto de tareas domésticas es fijo e injusto para las mujeres, la realidad es que somos las menos beneficiadas en este negocio del "matrimonio", las uniones donde la mujer gana más generan menos beneficio conjunto que si el reparto fuera flexible. Para ella, en cambio, casarse con alguien que no va a compensar en la casa lo que ella aporta, económicamente vale menos la pena.

Entonces, al llegar a esta conclusión, me van a decir "interesada", porque, en el fondo, la conclusión sería, no te cases con alguien que gane menos, porque no va a compensar con trabajo doméstico lo que tú ganas. En realidad, este fue un estudio económico sobre el reparto de las tareas del hogar comparado con el sueldo de las parejas, y es apenas la punta del iceberg. Hay varios términos que ya he explicado en otras columnas: "weaponized incompetence" (fingir que no se sabe o hacerlo mal, para no hacerlo) y la carga mental (el trabajo invisible de planear el trabajo doméstico). Porque el problema no se resuelve con una calculadora de sueldos, aunque él ganara lo mismo o menos, seguiría sin lavar el plato, sin acordarse del pediatra, sin notar que se acabó el detergente.

Entonces, cuando un hombre dice que "la vida era mejor antes de casarse", en realidad está diciendo otra cosa sin darse cuenta: ahora comparte los gastos de la casa con ella, pero el trabajo doméstico sigue sin compartirlo. Ganó dos veces. Nosotras, en cambio, pagamos dos veces: la mitad del sueldo y casi toda la carga doméstica. Así que la próxima vez que un hombre diga que “se cansó de ser feliz”, no le pregunten qué perdió. No perdió nada, ganó dos veces y encima se queja.