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Joven en Colombia encarcelado tras defenderse de un robo

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Resumen

Axl Cárdenas, víctima de un asalto en Bogotá, mató a uno de sus atacantes en autodefensa. A pesar de las evidencias que demostraban su victimización, fue condenado por homicidio y hurto, pasando seis años en prisión.

Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)
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Un giro de autodefensa lo lleva a prisión: La cruda realidad de Axl Cárdenas

La historia de Axl Cárdenas, un joven colombiano de 31 años, señala el trágico entrelazado de violencia y sistema judicial en el país. Después de un altercado con asaltantes, este residente de Bogotá protagoniza un caso donde la delgada línea entre victimario y víctima parece haberse invertido. Tras seis años en la penitenciaría Modelo de Bogotá, Cárdenas regresa a su hogar, ahora con la condición de la prisión domiciliaria. Aunque su libertad está restringida, se reencuentra con su pareja Leady, con quien al fin puede compartir momentos fuera de las sombrías paredes de su celda en el patio 2b.

La cadena de hechos que desembocaron en su encarcelamiento comenzó en la madrugada del 22 de abril de 2018. Cárdenas fue asaltado por dos hombres de origen venezolano a pocas cuadras de su hogar. Cuando se negó a entregarse a sus captores, la situación escaló violentamente. *"No voy a dejar que me roben en mi barrio",* afirmó con determinación.

Los asaltantes lo atacaron por la espalda con una botella y continuaron agrediéndolo ya en el suelo. La pelea arriesgó su integridad física, dejando a Cárdenas con lesiones faciales y la potencial pérdida de la visión. Durante el tumulto, uno de los atacantes perdió el control sobre su cuchillo, lo que cambió el curso de los acontecimientos para siempre.

Grabaciones de cámaras de seguridad del área mostraron a Cárdenas siendo emboscado y brutalizado, mientras una mujer con un bolso rosado esperaba en la esquina, quien más tarde se presentaría falsamente como una víctima adicional.

En un acto de desesperada defensa y con la ira acumulada por el ataque, Cárdenas tomó el cuchillo y, persiguiendo a los ladrones, acabó con la vida de uno de ellos. *"Nunca había hecho algo así... estaba lleno de ira por cómo me habían vuelto la cara, me defendí mal, no debí hacerlo, pero lo maté",* relata Cárdenas, reconociendo el fatídico error en el calor del momento.

El temor lo empujó a refugiarse en su hogar, a confiar en su familia la magnitud de lo ocurrido. Lo que siguió fue un torbellino de tragedia y la confrontación con un sistema judicial que, en lugar de protegerlo, lo condenó. A pesar de las pruebas y testimonios, así como las evidentes marcas del ataque que sufrió, Cárdenas fue acusado de homicidio y hurto, siendo encarcelado por defender su vida.

Con recursos limitados y sin la posibilidad de contar con un abogado privado, Cárdenas fue representado por una abogada de oficio, Nohra Clavijo, quien, lejos de ofrecerle un bastión de defensa, contribuyó a su desgracia.

La cárcel y el tiempo han cobrado un alto precio emocional a Cárdenas. No sólo perdió su libertad, sino también la oportunidad de despedirse de sus abuelos y la cercanía de sus padres. Su historia es una sombría ilustración de la complejidad de la justicia y la línea borrosa entre defenderse y sobrepasar los límites de la ley.

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