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La advertencia de Sócrates

Sócrates alertó que una democracia sin ciudadanía informada puede terminar eligiendo populismo en lugar de líderes capaces.

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Sócrates alertó que una democracia sin ciudadanía informada puede terminar eligiendo populismo en lugar de líderes capaces.

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Por: Mario Solano Calderón

Concebimos la democracia como el sistema político de libertad y justicia. Sin embargo, tiene sus debilidades, está lejos de ser perfecta y, de hecho, uno de los primeros diagnósticos sobre sus peligros proviene del filósofo Sócrates. El no rechazaba el valor de la libertad, pero veía con preocupación la toma de decisiones, basada solo en el voto de las mayorías. Para ello, recurría a una analogía sencilla: si tuviéramos que realizar un viaje por mar, ¿quién preferiríamos que dirigiera la embarcación? ¿Cualquier pasajero elegido por votación popular o un capitán experimentado que conozca las corrientes, y los secretos de la navegación? La respuesta es obvia.

Sin embargo, en la política, entregamos el timón del Estado a gobernantes elegidos por una multitud que rara vez comprende la complejidad del arte de gobernar. la crítica Socrática radica en una preocupación realista sobre la falta de información. Sócrates advertía que la mayoría de los ciudadanos, no se informa bien sobre las propuestas, la capacidad de los candidatos, ni sobre las necesidades estructurales de su comunidad.

Al carecer de este criterio analítico, el voto deja de ser racional y se convierte en un impulso emocional y terminan votando por el candidato que le cae bien, por quien sonríe mejor, por empatía estética o por simpatía superficial. No eligen al líder que la comunidad necesita para prosperar, terminan eligiendo al demagogo que es chistoso, que dice lo que la masa quiere escuchar.

Sócrates comparaba este escenario con la disputa entre un médico y un pastelero ante un grupo de niños, el pastelero gana fácilmente prometiendo dulces, mientras que el médico, ofrece medicinas amargas pero necesarias. Miren el gobierno que acaba, ofreció dulces y dejo tristezas. Reconocer estas falencias no implica abogar por la tiranía o el autoritarismo, sino entender que la democracia requiere un ingrediente imprescindible para no escoger el populismo: Educación ciudadana.

Un sistema democrático solo es funcional y justo cuando quienes ejercen el derecho al voto están capacitados para discernir, cuestionar y exigir. Sin un electorado informado y crítico, la libertad de elegir se reduce a una mera ilusión, donde la suerte de una nación queda a la deriva del populista de turno.