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La ciudad de los “titulares”

Bucaramanga necesita más que obras: una ciudad centrada en las personas, la educación y el respeto por el espacio público.

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La ciudad de los “titulares”
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Bucaramanga necesita más que obras: una ciudad centrada en las personas, la educación y el respeto por el espacio público.

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Cada mañana Bucaramanga despierta con una nueva noticia. Que taparon un hueco. Que se hizo un operativo de tránsito. Que se desmontó una obra del gobierno anterior para empezar otra. Que se inmovilizaron decenas de vehículos. Los titulares suceden, así como la sensación de que, en la ciudad, pasan cosas.

Pero basta salir de casa para descubrir otra ciudad. La que casi nunca ocupa los primeros lugares de la conversación.

Es la ciudad del adulto mayor que debe caminar por un andén roto porque el espacio público fue entregado a los carros. La de la madre que empuja un coche entre motocicletas estacionadas y postes que convierten el paso en una carrera de obstáculos. La del estudiante que espera durante horas un transporte público insuficiente e incierto. La del trabajador que cada trayecto lo vive como una suma de pequeños riesgos: un atraco, un cruce imposible, una calle sin sombra, un semáforo que parece diseñado para los vehículos, pero no para las personas.

Entonces aparece la pregunta inevitable: ¿de qué hablamos cuando hablamos de ciudad?

Porque una ciudad no se transforma únicamente con cemento. Tampoco con cifras de comparendos o metros cuadrados intervenidos. Una ciudad cambia cuando quienes la habitan sienten que su dignidad importa. Cuando caminar deja de ser un acto de valentía. Cuando usar el transporte público no significa resignarse a perder tiempo y paciencia. Cuando el respeto deja de depender de la presencia de un agente de tránsito y se convierte en un hábito compartido.

Tal vez allí esté la discusión que seguimos postergando. Mientras debatimos sobre las obras visibles, dejamos en segundo plano aquello que sostiene cualquier proyecto de ciudad: la educación, la cultura y la ciudadanía.

La cultura ciudadana no produce las fotografías como cuando se inaugura una obra. La educación no ofrece resultados inmediatos para el siguiente ciclo electoral. Formar ciudadanos que respeten el espacio público, comprendan que el andén pertenece al peatón, que un árbol vale tanto como una vía y que la convivencia también se construye desde los pequeños gestos, exige tiempo, continuidad y una visión que trascienda los gobiernos.

Las ciudades no fracasan porque les falte concreto. Fracasan cuando olvidan que el centro de toda política pública no es la obra, sino la personas.

*María Ximena Mantilla Masias www.fundacionparticipar.com