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La congestión vehicular, uno de los mayores problemas de la ciudad

Bucaramanga enfrenta una congestión permanente por más vehículos, poca planificación urbana y dependencia del carro particular.

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Bucaramanga enfrenta una congestión permanente por más vehículos, poca planificación urbana y dependencia del carro particular.

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Por: Corporación Amigos de Bucaramanga y Santander*

Lo que antes era un trancón en horas pico hoy es una condición permanente. Da igual si es lunes o sábado, si son las siete de la mañana o las dos de la tarde; cada vez resulta más difícil recorrer distancias que hace apenas unos años tomaban pocos minutos.

Bucaramanga sigue teniendo la misma infraestructura vial de hace décadas, mientras cada año ingresan miles de vehículos nuevos entre automóviles y motocicletas.

Además, el crecimiento urbano no ha estado acompañado de una planificación integral de la movilidad. Nuevos edificios, centros comerciales y desarrollos residenciales aumentan la demanda de desplazamientos, pero las vías continúan siendo las mismas. En muchos sectores ya no existe espacio físico para ampliarlas, por lo que la solución no puede limitarse a construir más carriles.

Otro factor es la alta dependencia del vehículo particular. Muchas personas prefieren utilizar su automóvil porque consideran que el transporte público no ofrece la frecuencia o la cobertura necesaria. Esa decisión, termina perjudicando a toda la ciudad cuando miles de ciudadanos hacen exactamente lo mismo.

También influye la falta de cultura vial. Estacionamientos indebidos, bloqueos de intersecciones, invasión de carriles, giros prohibidos y conductores que no respetan las normas reducen aún más la capacidad de las vías. Entonces, ¿qué deberíamos hacer?

La primera tarea consiste en entender que la movilidad no se resolverá construyendo nuevas vías. Es necesario fortalecer el transporte público para que vuelva a ser una alternativa eficiente, segura y atractiva. Si más ciudadanos encuentran un servicio confiable, muchos dejarán el automóvil en casa.

Igualmente, Bucaramanga necesita promover formas alternativas de desplazamiento. Caminar y utilizar la bicicleta deben ser opciones reales para trayectos cortos, mediante andenes seguros, ciclorrutas conectadas y espacios públicos bien diseñados.

La tecnología también puede convertirse en una aliada. Los sistemas inteligentes de semaforización, el monitoreo permanente del flujo vehicular y la sincronización de los cruces permiten mejorar la circulación sin necesidad de grandes obras.

Las empresas también pueden aportar mediante horarios laborales flexibles y modalidades de trabajo híbrido, distribuyendo la demanda de viajes durante el día y evitando que todos salgan exactamente a la misma hora.

Por supuesto, será necesario seguir ejecutando proyectos de infraestructura donde sean técnicamente viables, pero estos deben responder a una visión metropolitana que integre a Bucaramanga con Floridablanca, Girón y Piedecuesta.

Finalmente, hace falta una conversación seria sobre el modelo de ciudad que queremos construir. No podemos seguir pensando que cada familia tendrá uno o dos vehículos y que siempre habrá espacio para todos. Esa realidad no cabe en una ciudad con limitaciones geográficas como Bucaramanga.

Todas las personas que vemos caminando por las calles tienen un destino. El tráfico, en cambio, parece dar vueltas sobre sí mismo, atrapado en una red vial que llegó a su límite.

La solución no depende de una única obra ni de una sola administración. Requiere planificación, cultura ciudadana, transporte público de calidad y decisiones valientes. De lo contrario, seguiremos avanzando cada vez más despacio hacia un futuro donde el tiempo perdido en un trancón será uno de los costos más altos de vivir en Bucaramanga. * Diego Sáenz Reyes