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Las horas pasan volando

El texto cuestiona el rumbo político de Colombia y advierte sobre riesgos para las libertades y la institucionalidad.

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El texto cuestiona el rumbo político de Colombia y advierte sobre riesgos para las libertades y la institucionalidad.

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Parece que fue ayer, pero el tiempo pasa volando, y así mismo las esperanzas de quienes cobijaban y abrigaban cambios constructivos, amables, renovadores y tranquilizantes, que llevarán a Colombia por las rutas de la paz, el progreso, el desarrollo y la confraternidad.

Veníamos del desconcierto total que, de continuar, nos habría conducido al desenfreno que nos convertiría en una nación inmanejable en los campos económico, político, social, sin constitución, ni poderes judicial y legislativo. No quedaría norma alguna que frenara lo que nos iban a imponer. Tendríamos que olvidarnos de procesos electorales y acostumbrarnos al partido único de gobierno. No habría derecha, izquierda o centro, porque solo existiría partido estatal.

Las libertades quedarían en el pasado y solo se admitirían los caprichos de Petros, Cepedas, “emes 19” y nuevos amos que impondrían su voluntad y la de quienes tomaran las riendas del nuevo y único ejecutivo.

Así pensaron los millones de colombianos que fueron a las urnas en junio 21, para impedir la tenebrosa continuación que estuvo a punto de implantar Petro con quienes gobernó durante 4 años y planteaba seguir hasta el final de sus días.

Ni Paloma, ni los otros 20 candidatos de izquierda, derecha y centro que se lanzaron a la presidencia en la primera vuelta, lograron ganarle a De La Espriella, pese a los temores e investigaciones que se ventilaban sobre él.

Había un clamor popular que impedía la repetición del desastre que aún vivía Colombia y que le impusieron durante   los últimos 4 años.

Hoy llegamos a 2 meses y dos días con De La Espriella, que como presidente recorre Casas de Nariño nuevas y usadas. Ha cumplido muchas de las promesas que ofreció durante la campaña y que gran parte de su electorado anhelaba. Ha golpeado duro a todos los movimientos guerrilleros que impiden a esta nación y a sus habitantes ricos, pobres, indígenas y afros vivir en paz y tranquilidad.

No todo lo ha recibido con mieles. Le cayó el terremoto del 10 de agosto y la parálisis de Santa Marta con toque de queda subversivo, que superó a tiempo. Desde entonces Abelardo, usa pistola al cinto y se pasea entre cadáveres enfundados, destituye sin pena ni gloria a quien le cae mal, ha sido su enemigo o ha propiciado alguna investigación en su contra… es decir: se ha ido por esa absurda calle del medio para beneficiar a sus amigos, ganar adeptos y refundar la patria milagro. Los odios, que no son buenos consejeros, los utiliza para fustigar y sacar a gorrazos a valientes periodistas y directores de gremios, a los que no perdona haberlo cuestionado.

Se ha apartado del Centro Democrático, que mucho aportó para elegirlo, ha descubierto con éxito personal, el desastre económico que recibió tiene quietos a los políticos sin necesidad de prebendas, ni visas a Estados Unidos. Todo, dentro de este contexto le va saliendo bien, pero hay sectores, inquietos y dudosos, a pesar de lo tempranero del mandato.

Ya hay insatisfechos que, a hurtadillas, expresan malestar que seguramente aflorará cuando empiecen a cumplirse las exigencias del Fondo Monetario: impuestos y normas económicas que tallarán, despidos de dirigentes gremiales y aparición de descontentos en muchos sectores. Mucho hay por satisfacer a un pueblo y a una sociedad que estaban huérfanos. “Todos piden, nadie pone”, dicen la pirinola. Eso causa soberbia si no existe preparación para soportarlo, antes de que llegue la Patria Milagro.