•
Suscribirse Iniciar sesión
Opinión

Los primeros años son sagrados

La justicia restaurativa pone la atención en la víctima y evidencia que muchos jóvenes sancionados fueron antes niños víctimas de violencia intrafamiliar.

Los primeros años son sagrados
✨ Resumen con IA

La justicia restaurativa pone la atención en la víctima y evidencia que muchos jóvenes sancionados fueron antes niños víctimas de violencia intrafamiliar.

✨ Generado con IA · puede contener errores, verifícalo antes de compartir.
Únete a nuestro canal de WhatsApp Recibe lo más importante de El Frente al instante
Línea del tiempo · IA
····

··········

····

········

✨ Generado con IA · puede contener errores, verifícalo antes de compartir.

Concluye la semana de promoción de la justicia restaurativa, ese intento por humanizar las sanciones penales a partir de un esfuerzo mancomunado por restablecer tejidos sociales afectados, con una preocupación centrada en la víctima antes que en el señalamiento de culpables o en el afán de castigo.

Diversos espacios -desde académicos hasta lúdicos y prácticos- permitieron constatar la diferencia profunda entre la justicia restaurativa y la retributiva. Mientras que una tiende a la búsqueda de una reparación y un perdón genuino, la otra se mueve en mares de confrontación cuyo viento es el dedo inquisidor y los alegatos.

En el evento de inauguración se compartió una cifra que deja un interrogante tortuoso, difícil de digerir o de tramitar: la mayoría de los jóvenes que hoy están privados de la libertad o sancionados por conductas punibles, fueron años atrás, niños víctimas de violencia intrafamiliar. La complejidad que trae consigo esta afirmación cuestiona directamente la labor de quienes debemos proteger y garantizar los Derechos de la niñez. Razonar sobre lo actuado (o no actuado) alrededor del niño que llegó a una comisaría como hijo de una familia disfuncional y violenta, y que hoy lleva consigo una sanción, genera dudas reales y vergonzosas sobre la efectividad de la familia, la comunidad cercana, la educativa, y por supuesto el andamiaje interinstitucional; se desnudan las fallas estructurales del sistema de protección. La comisaría y el entorno escolar no pueden ser meros “receptores de denuncias” sino diques de contención real.

 Ese mismo cuestionamiento nos puede llevar a la proyección de realidades distintas; a una arquitectura de nuevos escenarios donde los primeros años sean sagrados. Para ello, es urgente diagnosticar la situación en cada eslabón que existe alrededor de su cotidianidad: el hogar, el barrio, la institución educativa y la oferta del Estado. Hay que romper la cadena de la desgracia sin fin. Cambiar la percepción de aquel punto de no retorno en el que la fe y la esperanza dejan de iluminar; esa especie de sombra eterna que intenta posicionarse sobre el ahora “joven” que aleja progresivamente las oportunidades.

Las cifras tienen la virtud de ser fluctuantes; para cambiarlas necesitamos acciones y voluntad, pero no solo de la institucionalidad, la responsabilidad es de todas y todos; la restauración no empieza en el juzgado ni en el centro de atención especializada, sino en la capacidad comunitaria de interceptar la violencia a tiempo. Así, la justicia restaurativa podrá tener bases más sólidas desde una sociedad consciente, acompañante y guardiana del curso de vida de quienes hoy solo tienen la función de robarnos sonrisas genuinas; aquellos que nos recuerdan a diario que el nacimiento y desarrollo del ser humano es quizás la única forma que tenemos de atestiguar la grandeza de un creador.

* Docente y Consultor en Resolución de conflictos, paz y Derechos Humanos

X: @rodrygonzalezma