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Mora judicial: ¿reforma?

La mora judicial y la deshumanización del sistema siguen debilitando la confianza en la justicia colombiana.

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Se ha levantado su voz de alerta en estos días con respecto al trámite procesal en materia penal con ocasión de algunos eventos en los que detenidos privados de la libertad han logrado por vencimiento de términos recobrar su salida de los centros penitenciarios o lugares donde cumplían dicha restricción penal.

A decir verdad, y lo hemos repetido por siempre, la administración de justicia tiene dentro de sus tareas prioritarias, salir de esa imagen negativa que se ha ganado al perder la credibilidad en sus instituciones, al igual que otros estamentos públicos del país, y nunca es tarde para alcanzar algún día, y lo digo con pesimismo, enderezar el camino hacia una verdadera y correcta aplicación de los postulados del Derecho, como el objetivo, como la finalidad y como es la esencia de éste órgano vital en la construcción de una sociedad como la colombiana.

Los recursos económicos que se han destinado a las reformas judiciales, han sido una forma de dilapidar los recursos del estado, sus resultados han sido infructuosos, y si bien es cierto, a cada instante se pregona la necesidad de las reformas judiciales, no lo es menos que hay argumentos y pruebas contundentes para reiterar que todas ellas no han sido suficiente para consolidar una mínima parte del objetivo fundamental de la Administración de Justicia, y día a día, la mora judicial, el desacierto en la aplicación de la ley y la tergiversación de la doctrina y la jurisprudencia, terminan siendo parte esencial de una debacle que estamos en mora de corregir y por la cual, nadie se preocupa, nadie contribuye y es muy poco lo que pueda prometerse en este interregno por luchar contra la injusticia, contra la impunidad y contra el imperio del crimen, que han sido una constante histórica en nuestro Estado Social de Derecho, como lo somos desde 1991, con la reforma constitucional vigente.

Pero, como lo he repetido, hay un factor fundamental que se nos escapa de analizar y de tener en cuenta en todo este proceso, y es el factor humano, el factor académico y la forma sincronizada que debe darse entre las instituciones funcionales de la Administración de Justicia, para que haya armonía, sindéresis en la formulación pronta e inmediata de la administración de justicia y que por consiguiente, se rescate parte de esa confianza legítima que debe existir en los estrados judiciales y sobre todo, en las decisiones de sus jueces.

Hoy la justicia se despersonalizó, perdió identidad y no llega a las gentes de escasos recursos económicos, por cuanto, las fórmulas y los procedimientos que se implementaron desde la época de la pandemia y se convirtieron en leyes vigentes, han logrado eternizar los procesos, generar más requisitos, establecer otras exigencias y la morosidad en la resolución de estos, es una eternidad.

Los funcionarios judiciales no atienden los llamados a las organizaciones públicas o privadas que se preocupan por actualizar y hacer recomendaciones sobre los procesos judiciales, las corporaciones judiciales, no patrocinan ni organizan, ni establecen formulas en las que los jueces, puedan alcanzar un nivel de preparación y de humanización como el requerido en el reconocimiento de los problemas y de los conflictos diarios que vive el pueblo colombiano, sociedad polarizada y enfrentada a una disyuntiva política excluyente, sectaria, y violatoria permanente del derecho en su conjunto y por consiguiente de la vida y de la armonía social.

Empecemos por reconstruir el sentido humano del juez en el papel que le corresponde, humanicemos la justicia, devolvamos la justicia al servicio social que le corresponde, es el primer paso de una reforma integral a la justicia.