Mujeres en la literatura
Resumen
El texto destaca cómo autoras como Austen, Shelley y Woolf abrieron espacio para las mujeres en la literatura, y denuncia que aún persiste su ausencia en los lugares de decisión.
Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)Este mes ha sido muy literario: actualmente se celebra la feria del libro y quiero hablar un poco sobre el tema de las mujeres y la literatura. Desde hace algunos años he priorizado la lectura de mujeres sobre la de hombres. Los hombres llevan muchos años dominando el canon literario, pero hay que comprender que también era difícil para las mujeres escribir. Precisamente, Una habitación propia de Virginia Woolf trata este tema: hasta hace apenas cien años, las mujeres no contaban ni siquiera con un espacio propio. Por eso, autoras como Jane Austen abordaban en sus libros temas cercanos y conocidos, como el matrimonio y todo el proceso de conseguir marido; era, en gran medida, lo único que conocían. No contaban con la misma educación que los hombres y, aun así, crearon clásicos de la literatura.
Lo que caracterizaba a las protagonistas de sus novelas, como Emma u Orgullo y prejuicio, era que todas eran inteligentes y muy seguras de sí mismas, tanto que se daban el lujo de rechazar pretendientes. Austen escribió a principios del siglo XIX y ni siquiera podía publicar con su nombre propio.
Unos años más adelante, en el verano de 1816, Mary Shelley quedaría atrapada en Ginebra junto con un grupo de escritores que propusieron un reto: escribir una novela de terror. De esa reunión saldrían El vampiro y Frankenstein, el libro más conocido de dicho encuentro, que además posicionó a las mujeres como plenamente capaces de escribir literatura de terror. En los años siguientes, Louisa May Alcott escribiría Mujercitas, una historia hermosa sobre hermanas, crecimiento y libertad. Realmente, este libro inspiró a generaciones de escritoras.
Por otra parte, regresando a Virginia Woolf, además de sus novelas, sus ensayos son especialmente interesantes. En ellos aborda diversos temas con profundidad, incluso en una época en la que las mujeres no contaban con el respeto necesario para dedicarse a la literatura. Woolf narra también que las mujeres difícilmente podían trabajar en otra cosa, por lo que la escritura se convertía en una de las pocas profesiones socialmente aceptables; así, muchas mujeres viudas terminaban dedicándose a ella.
En la actualidad, las mujeres que más me inspiran son tres. Claramente, Isabel Allende, de quien ya he hablado mucho y no voy a extenderme. Después, Margaret Atwood con El cuento de la criada, un libro muy interesante sobre cómo las mujeres han sido instrumentalizadas a lo largo de la historia y que la propia autora ha señalado que no es solo “ficción”, sino que está inspirado en diferentes culturas y épocas en las que las mujeres han sido maltratadas.
Y, finalmente, la última mujer ganadora del Premio Nobel de Literatura: Han Kang. Su literatura es completamente diferente, pero atrapante; me entretiene cada vez que la leo y no puedo parar hasta terminarla. Es difícil de describir, pero les recomiendo leerla: creo que ese tipo de literatura es lo que están haciendo actualmente muchos escritores orientales y es increíble, muy diferente.
Tal vez algún día alguien me mencione de la misma manera en que hoy yo nombro a estas autoras. Siento que aún me falta algo —imaginación, oficio, tiempo— para escribir como ellas. Por eso resulta triste constatar que, en la inauguración de la feria del libro, la mayoría de quienes ocupaban la mesa principal eran hombres y solo había una mujer. Ojalá eso empiece a cambiar y podamos ocupar más espacios en la literatura. Lo más inquietante es pensar que Virginia Woolf ya escribía sobre esta misma ausencia hace casi un siglo y que, aun hoy, sigamos esperando terminar de ocupar el lugar que nos corresponde.