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Opinión

No hemos venido a mirar

No venimos a mirar, sino a ayudar y adelantar el amor de Dios con acciones concretas.

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No venimos a mirar, sino a ayudar y adelantar el amor de Dios con acciones concretas.

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300 FPV (fe-poder-victoria)-. Itiel Arroyo en su devocional Incendiario (40 días para consumir tu apatía y vivir intensamente, en el día 33, narra la siguiente historia, la cual intentaré parafrasear y resumir: Un grupo de estudiantes universitarios españoles llega a Kenia como misioneros.

Por: Cesar Gordillo

Uno de ellos, Luis, estaba seguro de que Dios le había enviado al lugar por alguna razón. Su destino era servir durante una semana en un asilo de niños moribundos dirigidos por monjas de la congregación de la madre Teresa de Calcuta.

La imagen que rodeaba al lugar era desesperanzadora y Luis sentía una impotencia paralizante. De pronto una hermana de la caridad le agarró la cara con sus manos y le dijo ¿Has venido a mirar o a ayudar? La pregunta lo desbloqueo. La mujer le pidió que cogiera en brazos a un niño de dos años que no paraba de llorar y le dijo: “Tenlo en tus brazos y dale todo el amor que seas capaz de dar”.

El niño estaba tan delgado que podía notar sus huesos y el movimiento del latido de su corazón. Luis no sabía qué hacer, pero empezó a arrullar y a cantarle al niño, como su hermana lo hacía con su bebé, también le acariciaba el pelo, le sonreía y le daba besos como si se tratara de su propio hijo. Entonces el niño dejó de llorar y le sonrió con su cara huesuda y llena de mocos. Minutos después se durmió, aunque en un momento notó que el pecho del niño dejó de moverse.

Asustado Luis, llevó el niño a la hermana y está le dijo: “Este niño ha muerto en tus brazos y tú te has adelantado unos minutos, con tu cariño, el amor que Dios le dará por toda la eternidad.” En ese momento Luis comprendió cuál era la razón por la que Dios le había enviado allí: poder brindar por adelantado el amor que Dios desea dar a las personas por toda la eternidad.”

Si recuperamos la sensibilidad que nos está quitando el entretenimiento sin propósito, el exceso de series, celular, chisme y las discusiones improductivas de las redes sociales, podrías darte cuenta de que no has venido a mirar y a ser un simple espectador de lo que te rodea.

Desde el lugar en el que estamos, siempre hay algo que podemos hacer, para adelantar el amor que Dios nos dará en la eternidad. Me avergüenza haber mirado y no ayudado; así como no reflejar el amor de Dios o haber sido la piedra de tropiezo para que muchos lleguen a Cristo, pues seguramente muchos, luego de ver mis actitudes habrán dicho: “Si esto es ser cristiano, no lo quiero para mí.”

El amor de Dios siempre da nuevas oportunidades para ayudar, tal vez, por eso llego a mi puerta, la semana anterior, una señora de avanzada edad, con tapabocas y bastante delgada, diciendo: “Señor mi esposo murió de sida, yo tengo el virus y nuestro hijo se encuentra hospitalizado en Bogotá con la misma enfermedad.”

Luego de dicho encuentro me sentí afortunado, porque es mejor dar que recibir, así quienes nos rodean cuestionen nuestros actos. Quizás lo que estamos viendo y viviendo, nos desconfiguro el valor del amor, a tal punto que la palabra te amo, se le dice a cualquier cosa.

Amar no es fácil y esto nos lo enseñó Cristo, quien, por amor, fue a la cruz. Para recobrar el sentido del amor, te invito a: Revisar y meditar 1 Corintios 13, complementando esto con la acción de ayudar a quien requiera recibir amor por adelantado.