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Opinión

Pagar impuestos es una responsabilidad

La planificación tributaria permite anticipar obligaciones, corregir inconsistencias y tomar decisiones informadas para evitar sorpresas fiscales.

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La planificación tributaria permite anticipar obligaciones, corregir inconsistencias y tomar decisiones informadas para evitar sorpresas fiscales.

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Por: Carmen Cecilia Orejarena

Planificarlos es una elección. Con la llegada de marzo, muchas compañías se enfocan en presentar los resultados del año anterior a sus accionistas. Los informes financieros reflejan lo sucedido, cuánto se obtuvo y cuál es la situación financiera del negocio. Sin embargo, hay una cuestión que no debería postergarse hasta la próxima temporada de impuestos: ¿Está la empresa lista para afrontar sus obligaciones tributarias?

Porque presentar los resultados de lo que ya ocurrió es una cosa, y planificar las decisiones que influirán en cuánto deberá pagar la empresa es algo completamente diferente. Esto se conoce como planificación tributaria. No es una estrategia para evadir impuestos ni una manera de eludir obligaciones. Se trata de anticiparse, comprender las normativas y tomar decisiones informadas para cumplir con la ley sin comprometer las finanzas de la empresa.

La facturación electrónica y los reportes informativos permiten a la administración tributaria comparar datos entre contribuyentes, clientes y proveedores. Por ello, esperar hasta el momento de presentar la declaración para examinar las cifras puede resultar costoso.

La planificación requiere conciliar ingresos, verificar costos y gastos, revisar las retenciones realizadas y asegurarse de que la información contable corresponda con la realidad económica. Cualquier inconsistencia que se detecte a tiempo puede ser corregida; ignorarla podría convertirse en un problema tributario.

Gastar más no siempre implica pagar menos. Uno de los errores comunes es pensar que adquirir equipos, aumentar costos o comprar mercancía al final del año es suficiente para disminuir los impuestos. No necesariamente. Cada transacción tiene un tratamiento contable y tributario específico. Los costos y deducciones deben cumplir con los requisitos legales vigentes y contar con la documentación correspondiente. Una compra innecesaria no se convierte en una inversión valiosa solo porque tenga repercusiones fiscales.

 La cuestión no debería ser solo cuánto puedo deducir, sino qué realmente necesita mi empresa y cómo impactará esa decisión su rentabilidad, su liquidez y sus compromisos tributarios. También es fundamental analizar la cartera de morosos, los activos depreciables, la nómina, las contribuciones a la seguridad social y las transacciones con socios. Cada uno de estos elementos puede tener implicaciones fiscales que deben ser valoradas anticipadamente.

 Los números también generan alertas. Imaginemos que una empresa tiene una renta líquida gravable de $500 millones antes de realizar ciertos ajustes fiscales. Si detecta $90 millones en gastos no deducibles y $40 millones en deducciones permitidas que aún no había considerado, su base gravable ilustrativa sería de $550 millones. Aplicando una tarifa hipotética del 35%, el impuesto sería de $192,5 millones, antes de tener en cuenta descuentos tributarios, anticipos, retenciones y otros ajustes aplicables.

Planificar es tomar decisiones responsables. La planificación tributaria no es exclusiva de las grandes empresas. Es igualmente necesaria para pequeños comerciantes, emprendedores y prestadores de servicios. Incluso evaluar si el Régimen Simple de Tributación es conveniente requiere comparar condiciones, obligaciones y resultados, no basarse en recomendaciones ajenas.

Mi invitación es clara: no espere a que su contador le presente una declaración para preguntar cuánto tiene que pagar. Revise sus cifras a lo largo del año, considere sus opciones y convierta la información contable en una herramienta para decidir.

Planificar hoy implica mantener una conversación; improvisar mañana puede costarle mucho más. Los impuestos no deberían ser una sorpresa para quienes conocen sus números.

La diferencia entre reaccionar y decidir radica en hacer los cálculos a tiempo.