Paneleros de Santander en crisis: bajos precios, competencia desleal y falta de asistencia los mantienen asfixiados
La crisis panelera en Santander golpea a miles de familias por bajos precios, competencia desleal y dificultades para modernizar la producción.
La crisis panelera en Santander golpea a miles de familias por bajos precios, competencia desleal y dificultades para modernizar la producción.
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La caída en los precios de la panela, la comercialización de productos elaborados con azúcar derretida como si fueran panela y las dificultades para modernizar los trapiches encendieron las alarmas del sector panelero colombiano. En Santander, donde el cultivo de caña y la producción artesanal de este alimento forman parte de la economía de numerosas comunidades rurales, las dificultades amenazan los ingresos de las familias campesinas y la sostenibilidad de una actividad tradicional.
Por Camilo Ernesto Silvera Rueda - Redacción Política / EL FRENTE
La preocupación quedó expuesta durante una audiencia pública convocada por el representante a la Cámara por Boyacá, José Luis Bohórquez, del Pacto Histórico, para examinar la situación económica de los productores y discutir medidas que permitan proteger la producción nacional.
El encuentro reunió a representantes del sector agropecuario y de las autoridades de vigilancia, en medio de las inquietudes por el desplome de los precios, las condiciones de comercialización y la necesidad de mejorar la productividad sin poner en riesgo a los pequeños cultivadores.
Durante la audiencia, Óscar Gutiérrez, presidente de Dignidad Agropecuaria, advirtió sobre las dimensiones sociales de la crisis. Según sus cifras, alrededor de 350.000 familias colombianas están vinculadas a la actividad panelera, que genera más de 1,75 millones de empleos y tiene presencia en cerca de 500 municipios del país.
El dirigente también insistió en que la panela no puede entenderse únicamente como un endulzante, pues constituye un alimento tradicional ligado a la cultura campesina y a los hábitos de consumo de millones de colombianos.
Uno de los asuntos que concentró la atención fue la presunta comercialización de productos elaborados a partir de azúcar derretida como si fueran panela auténtica. Esta práctica, denunciada por voceros del sector, genera preocupación por sus posibles efectos sobre la competencia, la calidad del producto y los ingresos de quienes asumen los costos de cultivar caña y procesarla en los trapiches.
El representante Bohórquez también planteó la necesidad de tecnificar los procesos productivos, enfrentar la escasez de mano de obra y fortalecer el acompañamiento técnico a los campesinos. A ello sumó cuestionamientos sobre los recursos y la capacidad de asistencia de la Federación Nacional de Productores de Panela, al compararlos con los mecanismos de apoyo de otros gremios agropecuarios.
Santander, espejo de la crisis
La crisis tiene una dimensión particular en Santander, uno de los territorios estratégicos para la producción nacional. De acuerdo con cifras del Sistema de Información Panelero (SIPA), administrado por Fedepanela, el departamento registró en 2024 unas 23.282 hectáreas sembradas de caña panelera y una producción de 164.215 toneladas de panela, con lo que se ubicó en el primer lugar nacional por volumen producido.
La importancia de esta actividad se concentra especialmente en las provincias Comunera, Guanentá y Vélez, donde la caña panelera sostiene buena parte de la economía campesina y alimenta una cadena que comprende el cultivo, el corte, el transporte, la molienda, el procesamiento y la comercialización. Municipios como Suaita, San Benito y Güepsa figuran entre los principales referentes de esta producción.
En el ámbito empresarial, el sector no se limita a las fincas y los trapiches tradicionales. También comprende establecimientos de transformación, asociaciones de productores, comercializadores y pequeñas empresas familiares que han empezado a diversificar su oferta mediante panela pulverizada, fraccionada, dosificada y empacada. Experiencias como la del trapiche Las Flores, en la provincia de Vélez, ilustran los esfuerzos por agregar valor y competir en mercados que exigen mejores condiciones de presentación y distribución.
Sin embargo, el potencial productivo contrasta con dificultades que vienen afectando la operación cotidiana. En mayo de 2026, productores señalaron que la escasez de mano de obra se había convertido en uno de los principales obstáculos para el sector. A esto se suman enfermedades que afectan los cultivos, como el salivazo y la diatraea, así como las dificultades para acceder a semillas certificadas y mejorar la productividad.
La falta de trabajadores tiene consecuencias a lo largo de toda la cadena. El cultivo requiere labores permanentes, mientras que la molienda demanda personal para transformar el jugo de caña en panela. La mecanización podría aliviar parte de esa presión, pero su implementación en terrenos de ladera, frecuentes en las zonas paneleras de Santander, implica desafíos técnicos y económicos para pequeños productores.