Peligrosa práctica del 'todo vale' dentro de las campañas políticas
Resumen
El texto alerta que el “todo vale” en campaña destruye la confianza pública, degrada el debate y normaliza la mentira, la desinformación y el odio político.
Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)
La democracia se quiebra cuando la campaña política abandona las ideas y abraza la trampa. En ese punto, la mentira deja de ser un exceso aislado y se vuelve método, la injuria se disfraza de estrategia y el fraude en las urnas intenta presentarse como audacia.
El ‘todo vale’ no describe una campaña intensa. Describe una campaña que renuncia a la ética y a personas que calculan su triunfo sobre la destrucción del adversario y la confusión del elector.
Ese deterioro no sólo contamina el debate. También golpea la confianza pública, que ya carga demasiadas heridas. Cuando una elección se alimenta de falsedades, rumores, videos alterados y ataques personales, el ciudadano se asquea y pierde reseñas seguras para decidir.
La discusión deja de girar sobre propuestas, planes y resultados, y se hunde en una niebla de sospechas que empobrece la vida democrática. El daño se agrava cuando la contienda convierte al rival en enemigo, sólo por pensar distinto o por el miedo a perder en las urnas.
La palabra agresiva, la burla cruel, la tergiversación de hechos que tienen una verdad, pero son manipulados y la amenaza velada fracturan la convivencia y normalizan la política del odio.
Allí se engendra una sociedad más áspera, más desconfiada y dispuesta a tolerar abusos que luego cuesta años corregir. No hay democracia sana donde la polarización sustituye el respeto por la diferencia.
Tampoco puede relativizarse el peso de la financiación irregular, la compra de votos o el uso torcido de recursos públicos. Esas prácticas no son simples faltas de forma, el ’todo vale’ normalizado dentro de las campañas, pero condenado si lo practican sus adversarios.
Por eso resulta indispensable insistir en una verdad elemental. No gana quien más grita, quien más ensucia o quien más invierte en perfumar la mentira. Gana quien convence con argumentos, quien respeta reglas y quien entiende que la autoridad moral también hace parte del mandato.
Estamos a diez días para elegir presidente y las tres campañas con más opción del favor ciudadano, se enfrascaron en descalificaciones mutuas, en confrontaciones bizantinas y en defenestrar las ideas claras y sensatas, a cambio del oprobio y la descalificación agreste de sus rivales.
Una campaña sin límites morales puede alcanzar votos, pero no merece legitimidad. Los entes de control deben actuar frente a la desinformación, la trashumancia, la propaganda oculta y los perfiles falsos.
Los partidos deben responder por sus candidatos. Y la sociedad debe castigar con su voto a quienes convierten la contienda en un vertedero.
El ’todo vale’ es un golpe directo contra la igualdad, la legitimidad, la democracia y la sacralidad del sufragio. Defender la verdad en campaña no es un lujo moral, es la única protección real contra el abuso del poder y contra la costumbre de retribuir la trampa con dádivas corruptas.