Suscribirse Iniciar sesión
Portada / Opinión/ Puntada sin dedal
Opinión

Puntada sin dedal

Una pediatra, Rocío, conecta con Karina y su abuela, una modista, formando un nuevo lazo familiar. La abuela expresa su deseo de no dejar a Karina sola mientras borda las últimas 'puntadas' de su vida, confiando en Rocío para cuidar de Karina.

Únete a nuestro canal de WhatsApp Recibe lo más importante de El Frente al instante
Puntada sin dedal
Resumen con IA

Una pediatra, Rocío, conecta con Karina y su abuela, una modista, formando un nuevo lazo familiar. La abuela expresa su deseo de no dejar a Karina sola mientras borda las últimas 'puntadas' de su vida, confiando en Rocío para cuidar de Karina.

Próximamente

Los puntos clave serán generados automáticamente por IA y revisados por la redacción de El Frente.

Próximamente

El contexto histórico y los antecedentes serán generados a partir del archivo periodístico de El Frente.

Generado con IA · puede contener errores, verifícalo antes de compartir.
Línea del tiempo · IA
····

··········

····

········

Generado con IA · puede contener errores, verifícalo antes de compartir.

Doctora, venga rápido, mi abuelita está mal, gritó Karina a Rocío, la médica pediatra que vive frente al apartamento de su abuela. La niña de nueve años esperaba que su padre regresara de recuperar un olvido del supermercado. Rocío llegaba del consultorio y saliendo del ascensor giró con premura siguiendo la voz de la pequeña; se acercó, y examinó a la abuela sin encontrar signos de alarma.

Algo extraño sucedía, intuyó la doctora. Sentó a Karina frente al sillón de la abuela para examinarla sin un diagnosticó diferente a la picardía de su sonrisa, sin embargo, Rocío le recetó un abracito que la niña aceptó feliz y del que no quería desprenderse. La doctora desconcertada rodó una mirada capciosa y con ternura levantó en su mano el mentón de la pequeña mostrándose felices hasta el alma.  

La abuela modista estaba reclinada en un acolchado sillón de terciopelo, repleto de hilazas y costuras pendientes de darles la puntada final. Con los ojos untados de lágrimas miró a la niña, levantó su vidriosa mirada, y en voz frágil le preguntó a la pediatra qué sí ella también era madre. La doctora guardó silencio, las miró detenidamente sin retener unas lágrimas, mientras Karina roía las uñas para no entorpecer la conversación.

-Doctora, me queda poco tiempo para ultimar las puntadas de esta costura llamada vida y lo único que me retiene el alma es dejar a Karina sin mamá. ¿Podrías ayudarme? Pronto iré a remendar copos de nubes al cielo, dijo la abuela. En ese momento, llegó el papá de Karina y yerno de la abuela, y sin escapar a la sorpresa de encontrarse con la preciosa vecina preguntó. ¿Sucede algo?  - ¡Ni idea!, respondió Rocío, mientras guardaba el estetoscopio y el tensiómetro en el bolso, aunque tampoco se atrevió a preguntar sobre la mamá de la pequeña temiendo una dolorosa historia detrás de esa escena. Ojo doctora, mi hija y mi suegrita no dan puntada sin dedal. Soltaron una carcajada.  

-Mi doctora, Karina dice con insistencia que tu dulzura le recuerda a su madre, pero sigo sin entender por qué estás aquí. ¿mi hija está enferma?  Rocío quedó más despistada porque supuestamente quien estaba enferma era la abuela, pero prefirió callar y esperar el desenlace.

Pasaron dos años y Karina lució un vestido blanco, se acercó al ambón del presbiterio entre cirios, Lirios y Gardenias; tomó un pañuelo blanco con un manuscrito bordado en letras de colores que recibió Rocío un año después de recetarle a la niña el abrazo de “muestra gratis” que le dio: “Me vine a remendar nubes, feliz, porque ahora mi nieta, su padre y Rocío mi nueva hija son su familia. Gracias a ese hogar por cuidar a esta quejumbrosa modista que perdió el dedal usado para dar la feliz puntada final a esta costura llamada familia.

Karina secó sus lágrimas con el pañuelo blanco firmado con hilo dorado, y dio gracias a Dios por heredar la sabiduría del costurero de su abuela.