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Reencuentro familiar tras medio siglo de búsqueda en Bogotá

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Resumen

Después de 52 años, Aura Guerrero León, raptada a los cuatro años en Bogotá, se reunió con su familia. Fue llevada a Villarrica, Tolima, y adoptada por otra familia. A pesar de la distancia y el tiempo, su hermano Fidencio Guerrero León nunca dejó de buscarla.

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En un emotivo giro del destino, Aura Guerrero León, *raptada* cuando apenas tenía *cuatro años* en el barrio Bravo Páez de Bogotá, se reunió con su hermano después de una *larga ausencia de 52 años*. *Fidencio Guerrero León*, quien nunca dejó de buscar a su hermana menor junto a sus padres, presenció un *milagroso encuentro* que puso fin a una larga odisea que mantuvo a la familia sumida en el dolor por más de medio siglo.

La historia de Aura, ahora una mujer de 56 años, se desarrolló bajo circunstancias que parecen sacadas de una novela. Según relató a Noticias Caracol, la mujer que la raptó en 1972, llevada por el resentimiento hacia su padre, la transportó en un autobús repleto hasta *Villarrica, Tolima*. Confundida y perdida, fue acogida por una *familia caritativa*, que le brindó un hogar y un nuevo nombre: *Gina*

Las vicisitudes de la vida llevaron a Aura a *trabajar en el campo* desde los diez años para financiar sus estudios, una *existencia marcada por la soledad y la tristeza*. Paralelamente, la familia Guerrero León vagaba de lugar en lugar con la esperanza de encontrar a la pequeña perdida, una búsqueda incansable y desgarradora que Fidencio Guerrero recuerda con dolor, reconociendo cómo esta búsqueda los convirtió en *'gitanos'* que migraban siguiendo cualquier pista de la menor.

El tiempo no diluyó la esperanza de Aura de volver a ver a su familia. A pesar de la difícil situación, hizo su vida en el barrio Restrepo de Bogotá donde, con tan solo 17 años, tuvo a su primer hijo. Fue esta misma esperanza la que *iluminó el reencuentro* con su hermano, demostrando que ni el tiempo ni las circunstancias pueden quebrantar el vínculo familiar.

El testimonio de Fidencio es un reflejo del amor y la persistencia: *“Mi madre nunca dejó de buscarla”*. Ahora, décadas después, el *reencuentro* ofrece un cierre emocional a uno de los capítulos más trágicos de su historia familiar y un rayo de *esperanza* para aquellos que aún buscan a sus seres queridos desaparecidos.

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