Santander frente a la "Patria Milagro"
Santander debe aprovechar su peso político para exigir al nuevo gobierno infraestructura, seguridad y descentralización con resultados concretos.
Santander debe aprovechar su peso político para exigir al nuevo gobierno infraestructura, seguridad y descentralización con resultados concretos.
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El 7 de agosto, Colombia inauguró un ciclo político distinto. Abelardo De La Espriella tomó posesión como presidente en Cali y en su primer discurso, desde el Batallón Pichincha, planteó como principales ejes la recuperación de la autoridad, el combate a las organizaciones criminales y el compromiso con un gobierno cercano a las regiones.
Por: Oscar Jahir Hernández Rugeles
La región llega al nuevo gobierno con un activo como Jaime Andrés Beltrán, que conviene mirar sin ingenuidad. Que un santandereano se siente en el gabinete no garantiza nada; solamente abre puertas. Lo que salga de ellas depende de si la región las cruza con una agenda o si vuelve a conformarse con la fotografía. Esa agenda tiene, por lo menos, cuatro frentes que no admiten diferimiento.
El primero es infraestructura. Santander requiere que el nivel nacional se ocupe de los corredores viales que atraviesan el departamento —la conexión con Bogotá, la salida al Magdalena Medio, Bucaramanga–Cúcuta y Bucaramanga–San Gil, que sigue cobrando vidas por temporada—, y de la modernización del aeropuerto de Palonegro. Pedirle al exalcalde que se convierta en un lobista de la región es impresentable, pero en cambio sí debe servir de puente institucional para que estos expedientes lleguen a las mesas donde efectivamente se decide.
El segundo es comercio exterior. México se ha consolidado como uno de los principales mercados de América Latina y Colombia mantiene con él una relación por debajo de su potencial. Santander tiene sectores exportables inmediatos —avicultura, calzado y marroquinería, cacao y café; corresponde a la Cámara de Comercio de Bucaramanga, a la Gobernación y al empresariado presentar a la nueva embajada en México, una hoja de ruta específica. Sin ese trabajo previo, la representación diplomática se queda en oficio de rutina.
El tercer frente es seguridad. El nuevo gobierno anunció el listado de grupos narcoterroristas y la construcción de megacárceles. Sea cual sea el juicio sobre esas fórmulas, lo que Santander requiere son medidas específicas: mayor presencia estatal en el Magdalena Medio, coordinación con Norte de Santander frente al desborde del Catatumbo y una política clara contra la extorsión que hoy asfixia especialmente al comercio de Barrancabermeja.
El cuarto es la descentralización misma. Si la "Patria Milagro" pretende hacer honor al nombre, tendrá que reflejarse en decisiones concretas: ejecución oportuna del Sistema General de Participaciones, transferencia efectiva de competencias a gobernaciones y áreas metropolitanas y respaldo a los proyectos que las regiones deciden autónomamente.
De La Espriella llega al cargo con una diferencia electoral estrecha y con un país polarizado. Ese margen, más que blindarlo, lo obliga a gobernar con gestos concretos hacia las regiones que sí lo respaldaron. Santander fue uno de sus grandes fortines, y esa condición le da a la región una clara legitimidad para exigir. La deuda política con el departamento no está por construirse: ya está contraída. Ahora le corresponde a los santandereanos hacerla efectiva por escrito, en agenda y con la templanza que se supone nos caracteriza.