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Santander tiene una de las reservas petroleras más grandes del mundo: 63 mil millones de barriles. El frackign la haría posible

Santander tendría un gran potencial petrolero en yacimientos no convencionales, y el debate sobre el fracking se centra en cómo operar con tecnología, control ambiental e ինտgridad del pozo.

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Santander tendría un gran potencial petrolero en yacimientos no convencionales, y el debate sobre el fracking se centra en cómo operar con tecnología, control ambiental e ինտgridad del pozo.

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La discusión sobre el fracking suele quedar atrapada entre dos posiciones aparentemente irreconciliables: quienes lo presentan como una amenaza ambiental y quienes lo defienden como una oportunidad para garantizar energía y reservas. En el XXIII Congreso Colombiano de Petróleo, Gas y Energía, Felipe Bayón planteó una tercera aproximación: el debate debe centrarse en cómo hacer la operación, con qué tecnología y bajo qué estándares, pensando en respetar los ecosistemas y minimizar los impactos mientras se general la producción.

 

Por Camilo Ernesto Silvera Rueda - Redacción Política / EL FRENTE

La discusión sobre los yacimientos no convencionales volvió a ocupar el centro del debate energético colombiano durante el Congreso que se realiza en Bucaramanga. Felipe Bayón, CEO de GeoPark y presidente del encuentro (y expresidente de Ecopetrol), sostuvo que Colombia tiene un potencial importante en este tipo de recursos, particularmente en las cuencas del Valle Medio del Magdalena y Cesar-Ranchería.

Su planteamiento parte de una pregunta que busca cambiar el enfoque de la discusión: ¿el problema es el fracking en sí mismo o la manera como se diseñan, construyen y operan los proyectos?

Para Bayón, la experiencia internacional demuestra que existen tecnologías y procedimientos capaces de reducir algunos de los impactos asociados a estas operaciones. Su argumento no es que la actividad esté libre de riesgos, sino que esos riesgos pueden ser gestionados mediante ingeniería, controles, monitoreo y buenas prácticas.

Para entender la discusión hay que comenzar por lo básico. La fracturación hidráulica, conocida como fracking, es una técnica utilizada para extraer hidrocarburos atrapados en formaciones rocosas de baja permeabilidad. En términos sencillos, se perfora un pozo hasta alcanzar la formación que contiene el recurso y, posteriormente, se inyecta un fluido a presión para generar pequeñas fracturas en la roca que permiten liberar petróleo o gas.

El punto que Bayón intenta poner sobre la mesa es que la tecnología no permanece congelada en el tiempo. Los procedimientos, equipos y sistemas de control han evolucionado. Durante sus declaraciones recordó la experiencia de operaciones en Texas y Nuevo México, donde, según los datos expuestos por el directivo, se han alcanzado intensidades de carbono inferiores a ocho kilogramos de CO₂ por barril equivalente, mientras que algunas operaciones en Colombia pueden registrar entre 30 y 60 kilogramos.

El dato fue utilizado por Bayón para señalar que la discusión ambiental también debe mirar la eficiencia de las operaciones y no únicamente la fuente energética.

 

El agua: utilizar, recuperar y volver a utilizar

Uno de los principales interrogantes que genera la fracturación hidráulica es el consumo de agua. Aquí aparece otro elemento que, según Bayón, ha cambiado con la experiencia acumulada en diferentes países. El directivo explicó que en operaciones de GeoPark en Vaca Muerta, Argentina, se alcanza un porcentaje de reutilización del agua utilizada en las fracturas de aproximadamente 60 % a 70 %. También señaló que el agua empleada para estas operaciones no necesariamente es agua potable y puede reutilizarse en otros pozos.

La explicación permite entender uno de los principios fundamentales de la discusión: una operación petrolera moderna no tiene necesariamente que significar utilizar agua una vez y desecharla.

La tecnología permite establecer circuitos de tratamiento, almacenamiento y reutilización. Eso no elimina la necesidad de controles ambientales, pero sí cambia la ecuación frente a los modelos tradicionales de utilización del recurso.

 

La palabra clave: integridad del pozo

Hay otro concepto técnico que resulta fundamental para comprender el planteamiento de Bayón: la integridad del pozo. El directivo insistió en que las operaciones deben ser responsables desde tres momentos: diseño, construcción y operación. El objetivo es garantizar que las instalaciones, particularmente los pozos, mantengan su integridad y funcionen bajo los estándares técnicos establecidos.

¿Por qué es importante? Porque uno de los aspectos centrales de la seguridad de estas operaciones consiste en mantener controlados los diferentes fluidos dentro de las estructuras diseñadas para contenerlos. De ahí que la ingeniería del pozo, sus revestimientos, cementación, monitoreo y operación sean elementos determinantes.

En otras palabras, para Bayón el debate no debería reducirse a decir "fracking sí" o "fracking no". La pregunta técnica sería cómo diseñar y operar cada proyecto para controlar sus riesgos.

 

¿Y los movimientos sísmicos?

La micro­sismicidad constituye otro de los asuntos sensibles. Bayón recordó experiencias desarrolladas en el campo Rubiales, donde, según explicó, se registraron niveles importantes de microsismicidad y posteriormente se trabajó con comunidades, resguardos indígenas, técnicos colombianos y extranjeros para reducir su intensidad.

Su argumento es que el conocimiento acumulado permite hoy monitorear y gestionar fenómenos que antes tenían un margen mayor de incertidumbre. Por eso habló de una evolución tecnológica que incluso ha llevado a utilizar expresiones como "fracking 4.0" para describir nuevas generaciones de procedimientos y tecnologías. Todo este asunto adquiere una dimensión especial para Santander. Bayón señaló que Colombia tiene potencial en yacimientos no convencionales particularmente en el Valle Medio del Magdalena y Cesar-Ranchería.

Eso significa que la discusión no es exclusivamente energética o nacional. También involucra directamente a los territorios donde podrían desarrollarse eventualmente este tipo de proyectos.

Y allí aparece uno de los mayores desafíos: la confianza de las comunidades. El propio Bayón reconoció que las preocupaciones ambientales son legítimas y sostuvo que parte de la tarea consiste en acercar a las comunidades a las experiencias que ya existen en otros lugares del mundo. Citó específicamente las operaciones de Vaca Muerta y planteó que esas experiencias pueden ser conocidas y observadas para evaluar cómo se están desarrollando.

Quizás la frase que mejor resume el planteamiento expuesto durante el Congreso es esta: "El enemigo no es la fuente de energía. El enemigo pueden ser las emisiones".

En el caso colombiano, esa discusión apenas comienza a tomar forma. Y en Santander, donde el Valle Medio del Magdalena concentra parte del potencial señalado por la industria, será una conversación que inevitablemente tendrá al agua, las comunidades, la ingeniería y el futuro energético del país sentados en la misma mesa.