Todos los hombres del Presidente

Resumen

El artículo señala que las revelaciones e indicios alrededor del gobierno Petro alimentan dudas sobre su estabilidad, aunque sin pruebas definitivas, y pide someter el poder al escrutinio.

Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)
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by Edgar Muñoz

Hubo una época en la que el poder le temía al informante anónimo. Y en los Estados Unidos de América, en los años 70s, lo llamaron Garganta Profunda. Nadie supo quién era hasta mucho después, pero fue una de las piezas clave para cercar a Richard Nixon y empujarlo hacia la caída. Claro, no actuó solo: hicieron falta también periodistas dispuestos a seguir la pista y a sostener la búsqueda de la verdad.

Pero más inquietante que la cantidad de pruebas que entregaba era su persistencia, la coherencia de lo que decía y el origen de la información. Hoy, salvando todas las distancias, en Colombia empieza a sentirse un ruido parecido. Las recientes revelaciones de New York Times sobre indagaciones preliminares relacionadas con el presidente Gustavo Petro, si bien no constituyen una acusación formal, tampoco son un simple chisme de redes sociales. Se habla de una averiguación inicial que, de acuerdo con lo publicado, surge de fuentes con peso institucional, de fiscales federales y de medios con altos estándares. En ese sistema, inventar no sale gratis. Y ahí empieza lo interesante.

Parte de esa información, según se ha dicho, provendría de declaraciones de narcotraficantes. Eso la vuelve más delicada. La justicia norteamericana ha construido muchos de sus casos a partir de testimonios interesados que después deben ser verificados. No garantizan por sí solos la verdad, pero tampoco pueden descartarse con ligereza, como ha pretendido hacerlo el Pacto Histórico.

Además, el problema no empieza en Estados Unidos. Viene acumulándose desde que Day Vásquez, en medio de su ruptura con Nicolás Petro, mencionó al “Hombre Marlboro”. Ahí comenzó a resquebrajarse una estructura que no ha dejado de producir episodios inquietantes: Benedetti, Sarabia, la niñera, la muerte de Óscar Dávila, las tensiones internas, la UNGRD, los presos, los prófugos, las filtraciones y las denuncias cruzadas. Todo eso compone un patrón. No prueba por sí mismo un delito, pero sí dibuja un gobierno atrapado en sus propias grietas.

 Sin embargo, tengo una pregunta para todos los que apoyan a este gobierno. ¿Y si no todo viene de afuera? Los audios de Armando Benedetti, las tensiones con Laura Sarabia, los escándalos internos en los comités y las filtraciones constantes… todo eso dibuja a un gobierno donde la lealtad no es un valor estable: el poder se disputa hacia afuera y hacia adentro. En ese contexto, la figura de “Garganta Profunda” deja de ser romántica, porque en nuestra cultura ese apodo tiene otras connotaciones, y ninguna es precisamente limpia. Porque ya no es un solo hombre o mujer en la sombra. Pueden ser varios y estar cerca. Demasiado cerca.

El gobierno, por su parte, ha optado por la predecible estrategia de negar. No es capaz desmentir con hechos, ni responder con claridad, sino envolver la respuesta en un discurso moral. Que quien habla de paz no puede estar vinculado con la violencia, como si la historia no estuviera llena de contradicciones humanas mucho más “profundas”. Y deben estar agotados de negar tanto sin sustento. Porque negar no es desmontar. Y en política, cuando las versiones se acumulan desde distintos frentes, con otros matices, pero con ciertos puntos en común, la discusión pasa a ser si es razonable seguir creyendo que todo es falso. No hay condenas, no hay pruebas definitivas, pero tampoco hay tranquilidad, y eso es suficiente para exigir renuncias, tal cual lo hicieron los Estadounidenses.

Tal vez sí ha llegado el momento de tomar partido entre quienes creen que el poder debe someterse al escrutinio o quienes están dispuestos a aceptar cualquier explicación mientras encaje con su fe política. Al final, más que un presidente, lo que está en juego es si todavía queremos construir el futuro de nuestras familias con la verdad o si ya nos resignamos a reemplazarla por relatos.

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por Edgar Muñoz
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