Un siglo trágico
El texto sostiene que el siglo XX fue el más trágico por las guerras mundiales y las víctimas atribuidas al comunismo.
El texto sostiene que el siglo XX fue el más trágico por las guerras mundiales y las víctimas atribuidas al comunismo.
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Por: Jaime Galvis Vergara
Al estudiar la evolución de la humanidad en varias centurias, se presenta el Siglo XX como un periodo realmente espantoso. Las matanzas de seres humanos, las hambrunas provocadas artificialmente, la destrucción de ciudades e infraestructuras no tiene parangón en otros períodos de la historia humana.
El final del Siglo XIX no parecía presagiar la tragedia, un período de optimismo, grandes descubrimientos tecnológicos, un florecimiento del arte, un ambiente relativamente tranquilo.
Durante la transición al Siglo XX, hubo algunos conflictos menores de carácter colonial tales como la guerra de los Boers y la guerra de los Estados Unidos y España para apoderarse de Cuba, Las Filipinas y Puerto Rico. Las actividades bélicas de gran envergadura comenzaron con la guerra Ruso-Japonesa una verdadera antesala de la Primera Guerra Mundial.
En el año 1910 se inició la Revolución Mexicana un conflicto que no trascendió fuera de las fronteras de México.
En 1914 se inició la gran hecatombe de la Primera Guerra Mundial, fue un despliegue bélico cuyas dimensiones superaron todos los conflictos anteriores. Los cálculos de víctimas, (inevitablemente inexactos), mencionan cuarenta millones de víctimas, otros datos hablan de 9 a 11 millones de militares y entre 6 y quince millones de civiles.
En la segunda guerra mundial, las víctimas se calculan entre 70 y 85 millones de personas; de 50 a 55 millones de civiles y entre 21 y 25 millones de militares.
Aquí surge una inquietud, según el Libro Negro del Comunismo, esta ideología causó entre 85 y cien millones de víctimas. Si se tiene en cuenta que la inmensa mayoría de esos muertos no perecieron en actividades bélicas, sino del confinamiento en campos de trabajos forzados, de hambrunas provocadas por los gobiernos, de ejecuciones sumarias, de migraciones forzadas y de verdaderos genocidios, se puede intuir que la mayor parte de las víctimas fueron civiles.
Ante la magnitud de las masacres, cabe anotar que esa entelequia ideológica que se ha denominado comunismo resultó más s sanguinaria que la invasión de las hordas mongólicas, la peste negra, o las guerras de religión.
A medida que ese monumento al crimen, al latrocinio y la mentira se ha venido derrumbando, se conocen los horrores de los regímenes manejados por esa ideología, episodios tales como el robo del Tesoro Nacional de España, durante la Guerra Civil, el saqueo descarado del flamante Mariscal Zhukov en la Alemania vencida y ocupada, la hambruna en la China del Gran Salto adelante relatada en el libro The Great Chinese Famine 1958-1962 de Yang Jisheng, durante la cual las gentes desenterraban los cadáveres para devorarlos.
Además de episodios menores, tales como las masacres de Pol Pot en Camboya, la dictadura de Menghistu Mariam en Etiopía, la fiebre de fusilamientos y codicia de la satrapía Castro en Cuba, el penoso éxodo de venezolanos, los sesenta años de barbarie “guerrillera” en Colombia y el régimen de zombies en Corea del Norte.
Ante lo anterior, es increíble que alguien con un mínimo de sentido común pueda cometer la idiotez de votar por el Partido Comunista en Colombia.