Barman le rapó la cabeza a una mujer que no tuvo cinco millones de pesos para pagar la cuenta en un bar
Una joven de 18 años fue rapada en un bar de Bangkok tras no poder pagar una deuda cercana a cinco millones de pesos colombianos.
Una joven de 18 años fue rapada en un bar de Bangkok tras no poder pagar una deuda cercana a cinco millones de pesos colombianos.
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El contexto histórico y los antecedentes serán generados a partir del archivo periodístico de El Frente.
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Una deuda de cerca de cinco millones de pesos colombianos terminó con una joven de 18 años con la cabeza completamente rapada, luego de una disputa por una cuenta acumulada en un bar.
El episodio ocurrió el 25 de agosto en un establecimiento de la zona de Arun Amarin-Pinklao en de Bangkok, Tailandia y llegó a las autoridades después de que un video del corte de cabello se difundió en redes sociales.
Según reportes de medios tailandeses, la joven, identificada en algunos documentos como Muay, consumió y compró más de 200 bebidas para hombres que trabajan como anfitriones del local.
Cada trago destinado a ellos tenía un precio cercano a 250 baht, cifra que, de acuerdo con las equivalencias citadas en los reportes, corresponde a varios cientos de miles de pesos colombianos por decena de consumos.
La cuenta total llegó a unos 60.000 baht, alrededor de cinco millones de pesos colombianos, por bebidas, compras adicionales y otros cargos.
El problema apareció cuando llegó la hora de pagar. La joven no tenía dinero suficiente y el personal del establecimiento contactó a su familia para buscar una solución.
Su madre explicó que no podía cubrir la totalidad de la deuda de inmediato y planteó un acuerdo de pagos mensuales de unos 3.000 baht, equivalentes a cerca de 290.000 pesos colombianos.
También surgió la posibilidad de que la joven trabajara en labores de limpieza del bar hasta completar el valor adeudado, alternativa que la madre rechazó.
Ante esas dificultades, las partes hablaron de entregar el cabello de la joven como compensación.
La madre aceptó la idea de vender el cabello, según su versión, pero sostuvo que nunca autorizó que su hija quedara sin un solo mechón. El desenlace fue distinto: el gerente del establecimiento tomó una máquina eléctrica y rapó por completo a la joven.
Las imágenes del procedimiento se convirtieron en la principal evidencia pública del caso. En el video aparece la joven vestida de blanco mientras un hombre corta primero parte de su cabello y después utiliza una máquina para dejarle la cabeza completamente descubierta.
En otro momento, ella sostiene el cabello que le retiraron. Según los reportes, el hombre habla sobre un supuesto acuerdo para comprarlo y asegura que se pagaría su valor de mercado.
Después del hecho, la joven acudió a la Policía junto con su madre y presentó una denuncia en la comisaría de Bang Yi Khan. Su versión señala que recibió amenazas y que el personal del bar la colocó ante una decisión que, según su relato, implicaba aceptar el rapado o exponerse a una posible agresión.
También afirmó que firmó un documento sobre la venta de su cabello por miedo a que la situación empeorara. Su expectativa, dijo, era un corte, no un rapado completo.
El gerente ofreció una versión distinta. Negó amenazas y agresiones y sostuvo que la joven y su madre aceptaron de manera voluntaria el acuerdo relacionado con el cabello.
También afirmó que existía un documento firmado y que la madre conocía sus términos. Sin embargo, después reconoció que el procedimiento excedió los límites previstos y presentó disculpas por lo ocurrido.
Uno de los puntos menos claros del caso es el valor asignado al cabello. Algunas versiones señalan que el documento contemplaba unos 3.000 baht por ese concepto.
Otras indican que el corte se presentó como una forma de compensación frente a una deuda cercana a 60.000 baht. El destino del cabello también quedó bajo cuestionamiento.
El bar sostuvo que sería entregado para una donación, pero la activista Chalida Phalamat, de la Fundación Pen Nueng, puso en duda esa explicación y señaló que parte del cabello ya había sido cortado con tijeras antes del uso de la máquina.
La activista ayudó a visibilizar el caso tras la difusión del video y cuestionó que el establecimiento hubiera recurrido al rapado para resolver una controversia económica.
A su juicio, el bar tenía la posibilidad de acudir a la Policía para reclamar el pago de la deuda, en lugar de someter a la joven a una medida que provocó una fuerte exposición pública.
La madre también expresó su preocupación por la circulación de las imágenes. Según los reportes, su hija regresó a casa con la cabeza rapada y sufrió una afectación emocional por el episodio.

La familia cuestionó además que el video hubiera alcanzado las redes sociales sin el consentimiento de la joven.
El caso tuvo otro componente relevante. La joven reconoció que ingresó al establecimiento con una identificación alterada. Tenía 18 años, pero modificó el año de nacimiento del documento para aparentar una edad superior.
En Tailandia, los reportes citados señalan que la edad mínima para ingresar a establecimientos de entretenimiento con licencia y comprar alcohol es de 20 años. Pese a esa condición, el local permitió su entrada y registró durante horas el consumo que terminó en una cuenta millonaria.
No era la primera deuda de este tipo que la joven acumulaba. De acuerdo con los reportes, antes había dejado una cuenta de unos 13.000 baht en otro bar y otra cercana a 30.000 baht en un segundo establecimiento.
En uno de esos episodios, incluso le retuvieron el teléfono mientras se resolvía la obligación pendiente. La joven llegó por segunda vez a estos establecimientos después de conocer a uno de los anfitriones mediante transmisiones de TikTok.
Según su relato, desarrolló sentimientos por él y creyó que la relación había superado el carácter comercial de ese vínculo. Esa percepción influyó en sus decisiones dentro del local, donde adquirió numerosas bebidas para los anfitriones antes de conocer el valor final de la cuenta.
Tras la denuncia y el impacto que generó el video, el conflicto no terminó en un proceso judicial prolongado. Chalida Phalamat informó que la madre de la joven alcanzó un acuerdo con el establecimiento. Según esa información, ambas partes ofrecieron disculpas y el bar entregó una compensación económica a la joven por el trato que recibió.
El acuerdo cerró la disputa y las partes decidieron no continuar con nuevas acciones legales. Así terminó un episodio que comenzó con cientos de bebidas, una deuda imposible de cubrir para una joven de 18 años y una discusión sobre un supuesto pago con cabello, y que terminó con una imagen que provocó indignación en todas partes, la de una mujer muy joven, con la cabeza completamente rapada, en medio de una disputa por dinero que pudo resolverse por vías formales.
El episodio dejó además una discusión sobre los límites para cobrar deudas en establecimientos nocturnos y sobre la responsabilidad del bar frente al ingreso de una persona menor de edad para esas actividades comerciales.